Opinión

La crisis y la conducción política

Omar Barboza Diputado de la AN [email protected]   Ante una circunstancia tan compleja, y frente al compromiso que tenemos de lograr el cambio político por la vía democrática, nos surgen preocupaciones crecientes. Empezando por observar

 

Omar Barboza

Diputado de la AN

[email protected]

 

Ante una circunstancia tan compleja, y frente al compromiso que tenemos de lograr el cambio político por la vía democrática, nos surgen preocupaciones crecientes. Empezando por observar que a partir del gran triunfo obtenido en las elecciones parlamentarias del 06 de diciembre de 2015, se empieza a expresar dentro de factores que conformamos la Unidad Democrática, estrategias particulares de diferentes partidos o de sus líderes, que ponen en riesgo la necesidad de actuar juntos para desarrollar una estrategia común, aunque con el estilo de cada quien cada factor o dirigente la ponga en práctica. Esa situación hace que los seguidores de la Unidad perciban mensajes diferentes de parte de los dirigentes de la MUD, que muchas veces en vez de orientar, confunden a quienes tienen sus esperanzas puestas en nuestra actuación dentro de una conducción política coherente en función del gran objetivo del cambio para beneficio del país y su futuro, y no al servicio de otros intereses.

Esa situación debilita la capacidad de la Unidad para que sus decisiones sean eficientes, y más bien en muchos casos los anuncios se convierten en frustraciones inconvenientes para la continuación de la lucha. Igualmente, debemos mantener firmes nuestras actuaciones dentro del marco Constitucional sin caer en la tentación de ponernos al margen de ella en los métodos o decisiones que tomemos para impulsar el cambio. Con ello preservaremos la legitimidad que sustenta nuestra lucha por rescatar la vigencia de la Constitución, junto a la defensa de los derechos económicos y sociales de todos.

Es urgente restablecer la conducción política unitaria de la oposición venezolana, sobre las mismas bases que nos condujeron al triunfo del 06 de diciembre de 2015, las cuales debemos retomar.

Comenzando por discutir y acordar una estrategia común que cada quien aplique según sus circunstancias. Mantenernos dentro de la ruta de la acumulación progresiva de fuerza hasta asumir el poder político, y desde allí cumplir con el compromiso histórico, no solo de sustituir al Presidente de la República, sino también al modelo político, económico y social que ha tratado de imponer el llamado Socialismo del siglo XXI, y actuar a tiempo con la firmeza que sea necesaria para que quienes traten de desviarnos de ese camino no tengan éxito.

Debemos tener siempre presente que una buena parte de los venezolanos que acompañaron el proyecto de Chávez, no están de acuerdo con la gestión de Maduro, y ya muchos están en desacuerdo con el modelo que los dos han representado. A esos venezolanos debemos tenderles la mano, si hablamos con sinceridad de un gobierno de Unidad nacional. Y además tener muy claro que no debemos propiciar la unificación del adversario con descalificaciones generalizadas de quienes hoy reconocen que se equivocaron de proyecto. Para triunfar y tener éxito debemos sumar, el gobierno que sustituya al actual necesitará mucho apoyo para darle estabilidad al esfuerzo de reconstruir a Venezuela en todos los sentidos.

Debe ser parte de esta estrategia común, plantear la confrontación con el gobierno en el campo de lo económico y social, evitando que las provocaciones oficialistas nos conduzcan a una confrontación política, que el pueblo identifica como una lucha por el poder y no por la solución de sus problemas que cada día son más graves y urgentes.

En el campo de lo económico y social, el gobierno siempre tendrá el rechazo del pueblo que sufre las consecuencias de su fracaso. Un objetivo claro de esta lucha debe ser que la presión social ponga la solución de la crisis en manos del pueblo para que decida en procesos electorales quienes deben gobernar al país y qué modelo deben aplicar, para solucionar los problemas de los venezolanos.

En ese sentido, nuestra participación en el diálogo debe orientarse a convertirlo en un instrumento útil para el logro de la finalidad de la estrategia común opositora, y en las circunstancias actuales fijarnos dos objetivos: la lucha por el respeto de los derechos humanos y la libertad de los presos políticos; y el acuerdo sobre un cronograma electoral lo más urgente posible para legitimar el poder en Venezuela; logrados esos objetivos, podemos ampliar el diálogo a otros temas de interés nacional.        

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