Acaba de terminar el encuentro mundial más importante en la lucha contra el cambio climático (Conferencia de las Partes, COP) en la ciudad de Madrid. En dicho encuentro se precisaron varios avances y algunas decepciones en materia climática. Al respecto, se propusieron medidas que ayudarán al cumplimiento de los objetivos de reducción de gases de efecto invernadero; pero también –desafortunadamente- no pudo ser posible consensuar el acuerdo fundamental para la regulación de los mercados de carbono (el famoso artículo N° 6 del Acuerdo de París), lo cual consisten en definir las reglas para negociar derechos de emisión de CO2 coordinadamente entre todos los países y, de este modo, lograr un mayor control de las emisiones de gases de efecto invernadero y tender hacia la reducción o estabilización de las mismas.
Definitivamente, el cambio climático es una de las amenazas más graves que enfrenta nuestro planeta, puesto que, la evidencia científica identifica diversos impactos negativos sobre la salud del ser humano, la economía, la seguridad alimentaria, la infraestructura, el transporte, la biodiversidad, los recursos naturales en general, etc. Uno de los instrumentos de coordinación con los que cuenta el mundo para afrontar el cambio climático es —precisamente— el Órgano Supremo de la Convención de las Naciones Unidas para el Cambio Climático (Cmnucci) que convoca a la COP para que los países miembros adopten compromisos relevantes de conservación y protección medioambiental.
La COP es la instancia primordial para promover los acuerdos que minimicen las causas del cambio climático y que nos lleven, de una vez por todas, al crecimiento económico sostenible. En otras palabras, la COP es el escenario principal para formalizar y emprender las acciones que materialicen un desarrollo amigable con el medio ambiente y, en consecuencia, un planeta sustentable.
Como pudimos advertir, a lo largo de las reuniones que se llevaron a cabo en Madrid, los representantes de Venezuela no propusieron ninguna iniciativa clave que haya sumado esfuerzos para dar cumplimiento a los objetivos globales de sustentabilidad ambiental, sino que prefirieron gastar sus energías –simplemente— en demonizar el funcionamiento del sistema capitalista y a reafirmar que el planeta vive una catástrofe ambiental.
