1 El talento es independiente de la ideología; por eso el talentoso es más responsable que nadie de la que elige. En 1915 el fracasado granjero, tendero, actor y dramaturgo David Warck Griffith logra filmar una adaptación de la novela The clansman del reverendo Thomás Dixon, que se presenta con el título de The birth of a Nation, el nacimiento de una Nación. Varias cosas nacen con el desmesurado film.
Es el primer largometraje: antes se creía que una película de más de una hora de duración le haría daño a los ojos. Es la primera superproducción: se reconstruyen reuniones políticas, cabalgatas, batallas. Es el primer uso sistemático del montaje en contrapunto entre acciones paralelas: la situación de peligro avanza, los rescatistas acuden a galope tendido; la damisela en apuros escapa: las tomas se alternan con las de su perseguidor. Es una de las primeras cintas abiertamente comprometida con una causa política. En este sentido, es un desastre.
2 En efecto, la cinta es traducción visual de los prejuicios del esclavista reverendo Dixon. Representa un estadounidense Sur de Estados Unidos donde perros y gatos, amitos y esclavos conviven en amorosa armonía. Capitalistas norteños y amitas sureñas se enamoran noblemente; esclavos y abolicionistas caminan simiescamente, casi a cuatro patas. La Guerra de Secesión interrumpe tanta felicidad.
Esclavos liberados pretenden hacerse elegir para cargos representativos y enamorar blancas. Uno de los amitos discurre que si los esclavos liberados tienen miedo de los fantasmas, hay que disfrazarse con sábanas blancas, lincharlos y quemarlos vivos. El día de las elecciones, un ejército de encapuchados jinetes del Ku Klux Klan rodea las covachas de los afrodescendientes y les impide salir a votar. Ha nacido una Nación: la del Prejuicio, el Racismo, la Intolerancia. Es la muerte de la Humanidad.