Opinión

HISTORIA de una deuda, conozca las cuentas por pagar del país

Solo por 30 años Venezuela ha estado sin deberle a nadie. El resto del tiempo como Nación nos hemos zambullido en un endeudamiento constante. Conozca cómo comenzó este calvario, cómo creció y como están nuestras cuentas por pagar en la actualidad.

Marielys Zambrano Lozada /  

 

La cartera de Venezuela no encuentra alivio. Tiene demasiadas cuentas por pagar; unas deudas que se maquillaron al momento de contraerlas con la palabra cooperación y consolidación de relaciones entre países hermanos.  Al gobierno Chino le debemos el alma. El gigante asiático nos ha dado el crédito de mayor volumen que ha ofrecido a un solo país en el mundo (según palabras del viceministro de la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma de China, Zhang Xiaogiang).

El presidente del Banco de Desarrollo de China, Hu Huaiban dice que nos hemos consolidado con ellos como el principal país latinoamericano receptor de los préstamos. Pero en términos de cuentas, su efusividad quiere decir que somos los latinos que más les debemos. Nuestros compromisos con ellos han sido de unos 41 mil millones de dólares, recibidos vía Fondo Conjunto entre ambos países; vía Financiamiento de Gran Volumen y a largo plazo; más lo que nos ha dado el Banco. Parte de ello se ha pagado con petróleo. Pero, todavía les debemos. Si sumamos el nuevo crédito de 5,7 millardos más de dólares aprobado, tenemos comprometidos los fondos de las reservas internacionales ( unos 20 mil millones de $), según la firma Ecoanalítica.

En los 184 años que tiene Venezuela como Nación separada de la Gran Colombia y administrando sus finanzas, solo ha permanecido 30 años sin deudas. Revisemos cómo nos volvimos un país deudor.

Lo primero que debe saberse es que nuestros orígenes son moratorios. Nos formamos como Nación debiendo. Al separarnos de la Gran Colombia y de Ecuador “la deuda contraída durante la guerra de independencia fue repartida entre los tres países. Venezuela tenía que pagar 34 millones de pesos (28,5%), Colombia el 50%, y Ecuador el 21,5%. Con esta deuda externa se inició la República independiente en 1830”, describe Alberto Arias en su texto Lecciones de Historia Moderna y Contemporánea de Venezuela.

A eso hay que sumarle los nuevos empréstitos contraídos al comenzar nuestro andar en solitario como país. “A partir de 1831 la República contrajo deudas por las guerras civiles. El peculado y la corrupción administrativa sirvió para que gran parte de los empréstitos fueran a parar a manos de los gobernantes”, agrega Arias.

Con las primeras deudas del siglo XIX Venezuela debió comprometer el 30% de sus ingresos para abonar, porque tenía a Estados Unidos, Francia, Italia, Alemania e Inglaterra encima. Solo habían pasado casi 70 años y estábamos en un punto de quiebre muy duro porque el presidente Cipriano Castro tenía a cuestas un conflicto internacional por no pagar.

Así que, lo bloquearon, se apoderaron de barcos venezolanos y desembarcaron tropas amenazando con cobrar. Más de 350 millones de bolívares debíamos antes de arrancar con ímpetu el siglo XX, se lee en los informes financieros reseñados en libros de historia.

47 hombres han pasado por la presidencia desde José Antonio Páez hasta Nicolás Maduro (algunos de ellos en más de una oportunidad). Pero fue el que tenía la menor capacidad intelectual de todos, el que pagó por única vez la deuda externa que teníamos a rastras: Juan Vicente Gómez, el dictador, que solo sabía leer, escribir, y conocía las cuatro reglas básicas de la aritmética (sumar, restar, multiplicar y dividir).

El Benemérito con ese escaso bagaje, y manejando las finanzas con rigor campesino, pagó los empréstitos asumidos por líderes que eran doctores, generales, diplomáticos y políticos. Canceló todo para el centenario de la muerte de Simón Bolívar (en 1930), como un regalo a su memoria y a la Nación.

Parece que manejar un país con la simpleza de la administración de un hogar sí funciona. ¿Cuáles son esas reglas? Nunca endeudarse para malbaratar el dinero. Y eso es lo que ha pasado en Venezuela.

La norma es que, quien pide prestado compromete el alma. Eso lo han entendido muy bien las potencias que han hecho presión por años, fijando las normas de lo que debe hacer el país para pagarles, asumiendo entonces políticas intervencionistas que no gustan. Por supuesto, no faltarán sus apoyos financieros a movimientos insurgentes y a los aspirantes gubernamentales que prometen pagar las deudas al montarse en el poder.

En 1930, gracias a Gómez, por fin quedamos sin ataduras. Y así nos mantuvimos por 30 años con la soberanía y la tranquilidad de no deberle a nadie, hasta que las “genialidades” financieras de los mandatarios siguientes nos volvieron a comprometer el bolsillo.

Sería Rómulo Betancourt, un hombre que parecía con visión amplia porque era político, escritor, periodista, y hasta orador, el que nos volvió a meter en este “paquete” de las deudas cuando asumió en 1959 la presidencia constitucional.

Se fue Betancourt en 1964 y nos dejó un “mono” de 885 millones de bolívares por pagar. Le siguieron Raúl Leoni y Rafael Caldera quienes le entregaron a Carlos Andrés Perez una cartera moratoria de 3 mil 613 millones de bolívares.

“El Gocho” Carlos Andrés, a juicio del historiador Arias Amaro, fue quien puso a Venezuela a ahogarse en un profundo endeudamiento. De nada sirvió que mandó con un incremento del barril de petróleo que pasó de 4,22 $, a 14,35 $.

“Hubo notable incremento en los ingresos fiscales, en la liquidez y en las reservas monetarias internacionales. Sin embargo, aquel aumento extraordinario de recursos sirvió para impulsar el gasto público, que superó con creces los ingresos del Estado. Como consecuencia creció la deuda nacional a niveles inconcebibles, pues llegó a más de 100 mil millones de bolívares al final de su período”, cita el historiador.

Sin embargo, en descargo de CAP, para esa fecha las reglas del juego del mercado internacional fueron alteradas por las “majestades” del neoliberalismo: Ronald Reagan y Margaret Tatcher, quienes con solo mover las tasas de interés dispararon la deuda externa de América Latina.

Un país hipotecado recibió Luis Herrera Campins en 1979. Eso lo dejó claro en el discurso cuando tomó el poder. Desde entonces, todos los Jefes del Estado (Jaime Lusinchi, nuevamente Carlos Andrés Pérez, Ramón J. Velásquez, otra vez Rafael Caldera, Hugo Chávez y Nicolás Maduro) han recibido una Venezuela insolvente. Actualmente seguimos endeudados según las cifras oficiales del Ministerio del Poder Popular para la Economía y Finanzas. “La deuda pública de Venezuela, al cierre del primer trimestre de 2014 se ubicó en 122 mil 350 millones de dólares”, cita la economista Anabella Abadi, en uno de sus escritos. Y la gestión bolivariana recibió al país —según informes económicos del año 2000— con una deuda pública de 32 mil 132 millones de dólares.

El mar de acreedores ha crecido. Y dinero para pagar ha habido (desde 1998 hasta acá hemos tenido ingresos que rondan los 698 mil millones de dólares gracias a la venta de crudo). “Una cifra sin precedentes en la historia”, cita un informe de la Confederación Nacional de Industriales.

El nuevo préstamo solicitado por el gobierno de Nicolás Maduro a China alienta el nerviosismo del informe de la unidad de Estudios económicos y legales de Conindustria, donde calcularon que la deuda ha aumentado desde 1998 hasta acá mil 331%.

¿A quiénes les debemos? A quienes nos han prestado servicios y dado insumos para abastecernos.

Ellos son los chinos; las aerolíneas comerciales (la deuda con el sector asciende a los 3 mil 800 millones de dólares, según la Asociación de Líneas Aéreas en Venezuela); les debemos a los industriales colombianos (302 millones de dólares según expuso el diario El Espectador); a los industriales panameños; a los rusos; a Brasil; a las casas de materia prima de la industria química; a quienes han garantizado los suministros al sector salud (mil 300 millones de dólares); a las empresas de alimentos (dos mil 460 millones de dólares para los fabricantes); y así otros negocios.

Sin embargo, en esta última década también es buen preguntarse ¿ a quién no le debemos? , pues no le debemos al Fondo Monetario Internacional (FMI) ni al Banco Mundial (BM). La deuda pública posee una tasa de interés fija que no tiene relación alguna con la de esos entes financista, tal como lo fue tradicionalmente.

“Venezuela no le debe ni un bolívar al FMI ni al Banco Mundial (…) porque nos desprendimos de una forma de endeudamiento que venía aliñada de desinversión en lo social, desinversión en el ser humano”, explicó recientemente el diputado Andrés Eloy Méndez, integrante de la Comisión Permanente de Finanzas, quien además recordó que antes de los periodos presidenciales de Hugo Rafael Chávez la deuda superaba el 58% del PIB venezolano, era el doble, y además implicaba el aumento de la gasolina, la suspensión de aumentos de salario y desinversión en la educación pública y gratuita.

Y para quienes nos quejamos de nuestros niveles de endeudamiento, el parlamentario refresca que en Europa la deuda está entre 78 y 80% de su PIB, es decir, de su capacidad de producción propia. Y en EE UU ha llegado a superar el 100% de su PIB. Así que la historia de la deuda es larga, pero no exclusiva.

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