Convencido del valor estratégico y humano que encierra el espacio fronterizo en sí mismo, con una tradición comercial que supera al control colonizador europeo y que se fundamenta en la necesidad de los pueblos originarios en relacionarse de manera armónica, creo que la frontera más que abrirse debe desarrollarse como un espacio lleno de múltiples posibilidades.
Más que una diatriba infértil, de las que acostumbra la Mesa de la Unidad, sus voceros y gallos peleones, el cierre fronterizo ha cumplido un rol preventivo y de control en el ejercicio de la soberanía de Venezuela, esto es indiscutible, ahora bien, su apertura no debe ser a dos aguas en un solar de olvido, sino más bien configurar una política fronteriza que permita dinamizar dicho espacio al tiempo de ejercer los controles necesarios para garantizar la seguridad de la nación.
Pero seguridad hoy día no es solo una compañía de fusileros, o un comando de la Guardia Nacional, que son importantes, claro, me refiero a consolidar las relaciones comerciales, el paso turístico, el peatonal, el intercambio básico para una zona emergente llena de lugareños, donde hasta ahora han predominado los colombianos. Por ello, es meritorio de mi apoyo, las propuestas de economistas zulianos para el intercambio comercial de alimentos en bolívares y pesos aprobados por los gobiernos del presidente Maduro y Santos, tomando como referencia el Dicom y no el paralelo. Asimismo, proponer que el Banco Central de Venezuela (BCV) debe activar las casas de cambio en la frontera para operar con el cambio bolívares y pesos tomando como referencia el Dicom, así como operan en Colombia.
Por otra parte, establecer el mayor control a través de la integración de los sistemas de automatización y democratizando la información del Saime, Seniat, BCV, Sudeban, notarias, registros, Pdvsa, Fanb e inteligencia. Además de ello, activar las estaciones Triple E (estaciones especiales exclusivas) para vender al precio internacional la gasolina en la frontera.
