Opinión

Guaidó: papel estelar   

El país empotrado en un verdadero berenjenal. La lucha por el poder ha exacerbado las pasiones y los bandos en conflicto como en la  Guerra Civil Española  se juegan el todo por el todo. Detrás de ellos las grandes potencia. En las guerras internas de pequeños pueblos siempre estarán grandes potencias. Ha sido así en el correr de la historia humana.

 Aunque en Venezuela aun no se ha llegado al nivel de guerra armada hay señales que apuntan a la tendencia de armar a la oposición. ¿Será eso inevitable? En mi entender por ahí van los tiros. Las posiciones se han radicalizados y  las posturas últimas de ambos lados así lo indican. El juego esta trancado y no hay señales de cambio. Las diferencias son de tal tamaño que no importa el acatamiento a las reglas institucionales y constitucionales vigentes. Como topos de túnel se mueven abriendo paso hacia la toma de la colina. Arrastrando con ello todo vestigio de legalidad, derecho y racionalidad. 

      Mientras, la oposición se aferra a la instalación de un gobierno paralelo, llegada de ayuda humanitaria y movilización permanente de su gente en la calle,   dentro de las líneas de Cese de la Usurpación, gobierno de transición y elecciones libres. 

El Presidente de la Asamblea Nacional Juan Guaidó que funge como Presidente Interino de la República, designa Embajadores en varios países del mundo; nombra las Directivas de PDVSA y CITGO; ordena la entrada de la ayuda humanitaria y oficializa su llegada para el día 23F. El  gobierno, por otro lado, amenaza con convocar elecciones para la Asamblea Nacional, someter a juicio al Diputado Juan Guaidó, a través de la Contraloría. Inicia juicio a los designados por usurpación de funciones. Cada uno marcando su territorio, registrando sus límites y lentamente esperando el movimiento del contendor para mover la pieza. 

      Está en juego el poder y quién sabe si la estabilidad democráticas. El poder, a decir de Bertrand Russell, conjuntamente con la gloria, continúa siendo la aspiración más alta y la recompensa más grande de la humanidad.

 Y de acuerdo a Max Weber, sociólogo y científico político Alemán, “Poder es la posibilidad de imponer la propia voluntad al comportamiento de otras personas”. Eso es lo que está en juego en esta compleja y crítica situación nacional. La lucha de sectores políticos, militares, económicos y sociales por el control del Estado… sus poderes públicos. Lo que no se podrá negar es el hecho de un clamor general por el cambio de gobierno. 

Ya son veinte años de desafueros, políticas erradas, arbitrarias y acciones fracasadas. Más de dos años de hiperinflación que metió a la población en un agudo proceso de empobrecimiento, caos de los servicios e inseguridad de bienes y personas. Una situación creada por los propios gobernantes. Fracaso de un modelo socialista que privilegió irresponsablemente la corrupción, la malversación de los recursos de la nación.  

    El momento de implosión no ha sido decretado. Ambos empujan hacia objetivos contrapuestos. Se cruzan las acciones y con aparente indiferencia ellas demarcan estrategias con sentido calculado y propósito anticipado. Huele a libreto diseñado Allende los mares. Pero del lado del liderazgo opositor comienzan a verse fisuras de descontento y división. Lo reseñan las redes y el ambiente algo tenso que se vive en las manifestaciones. 

Flotan los egos y las ambiciones. Pescando en río revuelto. ¡Todos quieren ser presidente! Pudieran boicotearle el plan a Guaidó. Hasta ahora, llevado con aplomo y resolución. No es tanto lo que ha decidido lo que impresiona, es su arrojo y valentía. Aparenta más madures de la que tiene. Lacónico y oportuno. Sin ambigüedades ni improvisaciones. Yo no sé  en qué va a terminar el fenómeno Guaidó. Por ahora, le cambio la cara a la oposición y luce sobresaliente en su papel protagónico dentro del libreto.  

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