Este desesperado gobierno, que tanto daño le ha hecho a nuestro país, luce hoy más desesperado que nunca. En su evidente deslegitimación, utiliza ese parapeto llamado Asamblea Nacional Constituyente, para seguir en una huida hacia adelante que lo va a llevar a la destrucción, no sin antes profundizar la tragedia que ha hecho vivir a los venezolanos.
Las dos decisiones que en las últimas horas tomó esa ANC, ayunas de racionalidad, constitucionalidad y sindéresis, reflejan nuestra afirmación anterior. Acabar de un sólo plumazo con los Distritos Metropolitanos de Caracas y Alto Apure, en los cuales decidieron no hacer las vencidas elecciones municipales, solo refleja la decisión de arrebatar lo que con votos no pueden lograr. Ni siquiera con los votos que nos han impedido elegir en las dos últimas “elecciones” de octubre y diciembre. Pero es, además, la arremetida de la improvisación que va a dejar en el aire proyectos, empleos, presupuestos y acciones.
Por otro lado, proscribir partidos políticos que tomaron la decisión de no prestarse a la farsa electoral del 10D, es un vulgar irrespeto a la libertad y a la democracia. En dos platos nos dicen: “A ustedes no les importa si las elecciones son fraudulentas, si nosotros hacemos lo que nos dé la gana para que al votar el pueblo no elija. Ustedes tienen que participar obligado, de lo contrario los eliminamos”. Esta es una actitud dictatorial que bajo ningún concepto vamos a aceptar. Es tan mediocre esta dictadura, que ya deja en evidencia que no quiere competir sino hacer una pantomima que le permita seguir en el poder aunque no tenga apoyo popular.
Esta desgracia que en mala hora gobierna a nuestro país, tiene que entender que nuestra lucha se centra en la posibilidad de que a través del voto podamos elegir y podamos lograr los cambios que este pueblo clama y reclama. Pretender convertirnos en una nueva Nicaragua en la que el gobierno controla hasta la sumisión a la oposición cómoda, no va a ser posible porque Venezuela cuenta con el respaldo interno e internacional para defender los más caros valores de una sociedad democrática.
