“¡Ajá! ¿Y si Fulanito se tira por un barranco, tú también te tiras con él?” ¿A quién no le sacudió la razón su madre con esta frase, cuando, en algún momento de su infancia, fue pillado haciendo alguna trastada dañina, peligrosa o simplemente estúpida?
Y tú parado ahí, entre turulato y apenado, contestabas que no, convencido de que, en verdad, no debías hacer cada estupidez que hiciera tu amiguito, porque un día podías terminar en el fondo de un barranco. ¿Te acuerdas?
Varios años después te encuentras en la calle, porque Fulanito te llamó, y tú fuiste, porque Fulanito te dijo que había llegado la hora, y le creíste, aunque Fulanito tiene 18 años diciéndote lo mismo… Tantas veces ha llegado la hora que no llega, pero esta vez sí que si. Entonces saliste, para llegar al final, como dijo Fulanito, y marchaste pero no había paso: por un lado estaba la guardia, por el otro el río Guaire. Y Fulanito, heroico, ordena: “¡Crucemos por el Guaire!” Y tú, olvidando la frase materna -¡cataplún!-, te lanzas al río a flotar entre mojones mientras Fulano, se queda arriba, tanquilazo, tomándote fotos para el Instagram.
Así como hace años te mandaron “Todos a Miraflores”, y tú fuiste, a ciegas, sin saber dónde quedaba, sin la guía de Fulanito, que se resguardó en una televisora que trasmitiría la tragedia que tú debías protagonizar.