De mis recuerdos intelectuales primigenios, es decir, cuando ya intentaba despojarme de mis rasgos infantiles, figura, en forma predominante, la imagen de Alejandro de Humboldt, porque mi padre, tenía como libro de cabecera y algo más, como el centro fundamental de sus inquietudes científicas “El viaje a las regiones equinocciales del nuevo continente”, obra fundamental de Humboldt, con la colaboración de Aimé Bonpland. ¿Por qué esta pasión que no era exclusiva de mi progenitor sino que se extendía a la Venezuela culta de entonces? La principal razón fue la presencia viva en la memoria del país, de Humboldt, el gran geógrafo, astrónomo, humanista, naturalista y explorador prusiano, considerado el “Padre de la geografía moderna universal”, quien, como nadie, describió la belleza del Oriente venezolano. 

Sus andanzas por Venezuela se inician por un hecho casual ya que Humboldt realmente se dirigía a La Habana pero una epidemia de fiebre tifoidea obliga a su embarcación a desviarse hacia tierra firme lo cual lo lleva a desembarcar en Cumaná. Por ello  Humboldt se dedica a estudiar la zona, analizando cada uno de sus elementos prodigiosos: (lo geográfico, la fauna, la flora, los habitantes). Humboldt recorre la península de Araya, Cumanacoa, el Valle de Caripe, la Cueva del Guácharo, el Lago de Guanoco, así como las misiones de San Fernando. Su ingreso en Venezuela que va a ser amplio y fructífero se inicia así por uno de los lugares más fascinantes de nuestro territorio; después le tocará explorar los alrededores de Caracas, subirá al Pico Naiguatá y recorrerá toda la cadena montañosa que los aborígenes llamaban Wuaraira Repano lo cual haría en compañía de nuestro ilustre Andrés Bello.  Pero no cesa en este punto su viaje por Venezuela sino que recorre los Valles del Tuy, Aragua, La Victoria, Guacara, Las Trincheras, Puerto Cabello y va de allí a los Llanos Centrales hasta llegar a la Guayana venezolana. Es en este momento en que se inicia la exploración del Río Orinoco, de sus afluentes y, en particular, del brazo Casiquiare, el cual comunica las cuencas del Orinoco y el Amazonas

 ¿Por qué este recuerdo de Humboldt y su experiencia venezolana? Porque ha caído en mis manos un libro denominado “El ladrón de recuerdos” de Michael Jacobs, un historiador inglés que, en la búsqueda de los orígenes del Magdalena, el gran río colombiano, cuyo trayecto está iluminado, por una parte, con el recuerdo de Gabriel García Márquez, especialmente en su obra “El amor en los Tiempos del Cólera” y, asimismo, por las huellas y la técnica investigativa de Humboldt.  Esta experiencia de Michael Jacobs es relativamente reciente ya que aun cuando no llegue a la presente etapa reconciliatoria que vive Colombia, va tocando los puntos donde la presencia de los grupos en contienda estaban presentes, pero lo esencial en todo el trayecto está en la narración de los paisajes grandiosos que acompañan el largo trayecto del río Magdalena.  El libro aludido es evocador de lo que tenemos tierra adentro, porque entrar en el ámbito amazónico es penetrar en lo profundo de la geografía y por eso representa un llamamiento a nuestros científicos y a nuestros intelectuales de seguir las huellas de quien iluminó la historia geográfica del mundo con su Viaje a las Regiones Equinocciales del Nuevo Continente.