El grado de desarrollo de una nación tiene que ver directamente con la capacidad de la gente de interpretar la realidad. También la cultura política de un pueblo está relacionada con esa habilidad. Estudios han demostrado que en Venezuela la gente está atrapada por los análisis que hacen desde las dos trincheras de la polarización política. Son los dirigentes quienes fijan los parámetros para interpretar la realidad.
Y esos análisis generalmente obedecen a cálculos interesados y convenientes a la estrategia trazada por las organizaciones partidistas. Son las campañas de concientización, las declaraciones a los medios y las matrices las que crean la opinión y dibujan la realidad que la sociedad o cada uno ve. El país requiere análisis integrales, profundos y comparativos para visualizarlo con sus complejidades.
Es muy compleja la situación y por eso exige estudios y métodos que afloren realidades objetivas y consecuencias productos de acciones certeras, medibles…evaluables. Estamos en un momento delicado donde es fatal la improvisación y la malversación de políticas. Son tiempos de planificación estratégica y de administración de los recursos en forma honesta y transparente.
La solución de los problemas no espera y la definición de prioridades es vital en el logro de una administración pública eficiente y oportuna. Por otro lado, para llevar la paz a la nación los bandos en conflictos políticos impulsan un proceso de diálogo y negociación. Se lleva a efecto en la República Dominicana, con el apoyo del gobierno de ese país y de los cancilleres de Chile, México, Nicaragua y Bolivia, mediadores. Proceso que ha tenido muchos obstáculos y limitaciones. A mi entender como consecuencia de los temas planteados de un lado y de otro. Temas que benefician exclusivamente a uno de los lados… al proponente. Pareciera que el espíritu de la negociación no es ganar ganar.