La tarea de escribir se convierte en un gran desafío cuando asumimos el riesgo de repensar el futuro, analizando variables que clarifican los escenarios que enfrentamos, se aporten soluciones para la toma de decisiones, se despejan confusiones que la sociedad en general padece ante el bombardeo constante de información que recibe en cada instante, contentiva de problemas que seguramente padecemos, pero que habrá que asumirlos y prepararnos para enfrentarlos y evitar que surjan otros derivados de los primeros.
Los países en cualquier momento de su historia han atravesado dificultades, de igual forma las empresas, las familias, hasta los seres humanos, como personas que estamos en constante crecimiento, nos enfrentamos diariamente a situaciones que nos paralizan; sin embargo, reaccionamos y seguimos hacia adelante. Todo dependerá de la capacidad de reacción que se tenga ante las dificultades, del aprendizaje que se asuma, de la enseñanza que nos deja el pasado, para poder construir e inventar un mejor futuro, desde nuestras contradicciones, nuestros riesgos, nuestros temores e incertidumbres, lo importante es ser osados y asumir soluciones para enfrentar la crisis que hoy vivimos.
Señala, Juanjo Gabiña, en su obra El futuro revisitado, “hablar de crisis hoy no puede convertirse en un ejercicio de especulación o en una apuesta frívola y costosa. Los métodos prospectivos y espíritu didáctico son apoyos clave para ayudar a salir de una crisis que exige la implicación resuelta de todos los actores sociales”. Y es precisamente el ejercicio que pretendemos desarrollar desde nuestra tribuna de opinión, explicar lo que está pasando y tratar de motivar la reacción de todos los implicados y afectados, generando la sinergia necesaria que nos permita resituar nuestra propia crisis y asumir la iniciativa para superarla.
En tal sentido, nos corresponde escribir lo que a muchos políticos les desagrada, las realidades, los precedentes de la crisis que atravesamos, el desconcierto de una clase política que cada día demuestra más su incapacidad para poder resolverla, ya que tanto las instituciones que ellos dirigen como sus propios métodos de respuestas han entrado en profunda crisis. Por lo tanto, se torna muy dificultoso pretender salir de la crisis si nos quedamos paralizados, esperando la reacción de quienes gobiernan y pretenden gobernar, cuando los primeros han demostrado la carencia de planificación, de ideas claras y de respuestas para resolver el presente que ellos mismos han creado, obstaculizando la posibilidad de evolución y cambio y quienes los enfrentan no terminan de atinar una estrategia valida en consenso que exalte la sensatez e inteligencia; siguen estancados en la arrogancia, el histrionismo y las posiciones protagonistas para llegar al poder, y más que buscar soluciones para salir de la crisis, solo han conseguido agravarla.
