Fue en ese preciso momento cuando al “cenit se encumbra la cuadriga de sol”, durante la sombra cero. Estaba frente al viejo edificio de la Botica Nueva y vi como levantaban sus cabezas. Con una mueca de dolor estiraron sus brazos y espaldas petrificadas en la misma postura desde que llegaron y con el atletismo de un gato saltaron a tierra. Los sansones de Maracaibo, tan estoicos siempre, se veían tristes y cansados. Ya en tierra miraron hacía Rafael María Baralt que, como ellos en su pedestal, tiene la cabeza hacia abajo, como quien siente una gran pena o busca algo que se le ha perdido. Entonces él también levantó su ilustre testa, volteó a mirar al convento de San Francisco, su compañero de esperas, vaciló un momento y se lanzó del privilegiado pedestal en el que lo han olvidado.Su plaza estaba sola. Lo vi caminar hacia el Lago escoltado por los sansones y cuando pasaban al lado del viejo mercado nuevo, con un estruendo metálico el edificio se convirtió en un vapor y añorando el tiempo en que llegó a la ciudad hecho en pedazos se hizo al agua.Quise correr tras Baralt para preguntarle si se iba de nuevo y a dónde, pero dos enormes sombras volaron sobre la plaza. El sol me cegó por un instante y entre un fulgor de fuego reconocí de inmediato a las cosas aladas que se han posado desde hace años en lo más alto de la fachada del Palacio de los Cóndores. No eran cóndores realmente, ni águilas calvas, pero volaban y desde el cielo se unieron al cortejo.Ya en el puerto, a punto de subir al vapor, un hombre con uniforme de granadero preguntaba insistentemente por su espada. No pude verlo bien a la distancia pero era sin dudas la estatua de Francisco de Miranda que está en la avenida el Milagros y que de milagros se ha escapado de los fundidores de metales. La segunda piqueta que azota a Maracaibo.Entonces escuché que uno de estos “clochar” maracuchos, que intentaba subirse al vapor con un par de buchones que ya no podían volar, cantaba un viejo rock argentino: “en esta pobre ciudad, todo se enciende y se va. Ciudad de pobres corazones”.Me desperté nadando en mi propio sudor y la boca más seca que una pipa o un tanque en un barrio de Maracaibo que lleva días sin agua. Fue algo así como un sueño de una madrugada de verano en que Corpoelec te apaga el aire acondicionado mientras duermes.Me acordé de la gente de mi ciudad haciendo cola bajo el sol en la parada de la estación Altos de la Vanega del Metro de Maracaibo y a lo largo de la Circunvalación 2, donde a la Alcaldía le dio por cortar los pocos árboles que quedan y que uno ya los quiere aunque sean “nin”.Y es que Maracaibo se ha quedado sin paradas de autobuses y sin autobuses. Aun así la gente insiste en hacer su vida como dice la gaita de Guaco: si no hay carritos yo camino/ si falta el agua yo no me baño/ mi linda tierra maracaibera/ tantos problemas me desesperan/ pero yo muero en mi Maracaibo.Pero quienes dicen gobernar en Maracaibo como que se tomaron literalmente lo de Tierra del sol amada. Algunos maracuchos interpretan que el emblemático verso de Baralt quiere decir que la tierra y el sol son amantes y hasta llegan a elucubrar metáforas más eróticas que en su criterio expresan mejor el afán del sol sobre la tierra.Primo lo que Baralt intentó decir es que esta es la tierra del sol y él la ama, que sois vos el que la ama o él que debería amarla, como a una madre, como a la tierra. Quizás si nos tomamos el atrevimiento de reescribir el verso salgamos de dudas. Sería igual decir: Amada tierra del sol. O si le ponemos una coma: Tierra del sol, amada. Pero sin dudas Baralt es un enorme poeta y es: Tierra del sol amadaSi alguien cree que a los maracaiberos nos encanta estar a pleno sol a mediodía esperando a ver si pasa una chiva y por eso no hay paradas y cortan los árboles, porque a eso no se le puede llamar podar, o que nos da placer caminar bajo el sol recalcitrante y no sienten piedad de la gente de esta ciudad, ¡por favor! despierten que quizás a usted también Corpoelec le apagó el aire mientras dormía.