Que los pueblos no tocan fondo es una realidad que estamos sufriendo los venezolanos. Recuerdo que cuando la mayoría de este país decidió respaldar a Hugo Chávez para que, luego de intentar en dos oportunidades tomar el poder por asalto, se convirtiera en presidente electo de la república, muchos decían que la situación nacional era desesperante, que habíamos tocado fondo y que debíamos elegir a un militar para que pusiera orden.
Recuerdo las constantes alusiones de algunos mayores a Pérez Jiménez como gran constructor de obras y guardián de la seguridad ciudadana. Hoy, la realidad que nos llega al alma, es que la situación pudo ser desesperante ayer y lo es más profundamente hoy, pero nunca un pueblo toca fondo, siempre puede estar peor.
Y nunca es recomendable, nunca, que un militar se convierta en jefe del estado. El gobierno debe ser siempre civil y los militares deben tener muy claro que su trabajo institucional se debe vincular a la seguridad y defensa del país, pero nunca a asumir lo que corresponde a los civiles. Conozco muchos militares que siempre tuvieron esa premisa muy clara y para ellos va mi respeto y reconocimiento. Necesitamos reinstitucionalizar nuestras fuerzas armadas.
La gravísima situación que vive Venezuela va a ser peor cada día que pasa. Mientras Nicolás Maduro y el aberrante modelo del “Socialismo del Siglo XXI” continúen en la cumbre del poder, no existe forma alguna de que el país tenga un milímetro de recuperación. Un gobierno que no cree en las fuerzas motrices de la nación, que no cree en la producción nacional, que intenta controlar todo, que desdeña de la iniciativa privada, que promueve la corrupción, que nada hace por la seguridad, el abastecimiento, los servicios públicos, es un gobierno inviable. Que hoy en Venezuela mueran niños y adultos de hambre, porque no tienen medicina o por el hampa desbordada, es simplemente un crimen. Y es necesario que hagamos todo lo que tengamos que hacer para que haya un desenlace democrático a esta realidad que nadie aguanta.