Opinión

En opinión: La Fábrica de Malandros

Desde hace bastante rato sostengo que el principal problema de los venezolanos no son esos de los que hablan los estudios de opinión vinculados al área económica: inflación, desabastecimiento o aquellos de profundo impacto social como  la inseguridad, que no solo produce muertos sino además angustias e insanias mentales a toda una población en la que ninguno de sus miembros queda exento de la probabilidad de ser parte de las estadísticas de victimización. 

Nuestro problema capital somos nosotros mismos. Nuestro rollo como nación es la generalización de normas y valores que están adquiriendo rango de moral social y que nos deshumanizan haciendo cada vez más inviable construirnos como sociedad.  Nuestra mayor crisis es moral. Estamos frente a una socialización fallida en la que  valores como el respeto, la amabilidad, la generosidad, el trabajo y el estudio, que nos permitieron cohesionarnos como grupo social están siendo sustituidos por sus antónimos, lo cuales guían negativamente nuestra conducta, con efectos perversos, especialmente  en la relación con los otros. 

Muchos de nuestros niños y jóvenes están siendo socializados​ para el malandraje,  el buen ciudadano está reemplazado por el buen delincuente, como ejemplo para el modelaje social. Atrás están quedando la prédica de nuestros viejos, estudia para que seas alguien en la vida, el trabajo dignifica, humilde pero honrado. Hoy en paralelo a nuestra tradicional socialización ocurre otra que banaliza el estudio y el trabajo, que prefiere los atajos para resolver problemas de ingresos y movilidad social. Aprende a delinquir y tendrás una fuente segura  de ingresos, métete a la política no para procurar el bien común sino para tu provecho personal  y estarás resuelto, éstas  parecieran ser las nuevas arengas. 

Hace un tiempo un niño en edad escolar me dijo que su aspiración era ser sicario, un par de jóvenes estudiantes de ciencias políticas me confesaban que militaban en un partido a pesar de no sentirse identificados, porque allí estaban los reales,  un recién graduado de guardia nacional esperaba ansioso que lo enviaran a la frontera para llenarse, tales fueron sus palabras.  Ya son tantos que es imposible no ver a funcionarios públicos enriquecerse y mostrar lo lindo que viven con el robo del dinero público sin que reciban el rechazo social, todo lo contrario mientras más ladrón más aceptado, mientras más honesto más pendejo. Algo muy podrido huele por aquí. 

En otras oportunidades he dicho que nos movemos hacia una sociedad que fornica con petróleo y cuyo vientre expele seres con el alma corrompida. Necesitamos una sociedad que produzca ciudadanos y estos no son seres sobrehumanos, son simplemente personas formadas para el deber y el derecho. Personas formadas para el bienestar de la nación.   Necesitamos romper con el uso de lo público con criterios privados. Necesitamos que la honorabilidad vuelva a la política, es urgente limpiarla de tanto bicho de uña que la usufructúa. Necesitamos jóvenes modelos para lo bueno, es urgente el rechazo social de lo indecente. 

En esta empresa que a todos nos compete y que no hay lugar para la espera, apremian políticas  dirigidas a la recuperación de la familia, la escuela y la comunidad como actores fundamentales de la socialización. Necesitamos además, poner al servicio de esta causa a la amplia tecnología de la comunicación para transmitir valores, normas, y tradiciones que coadyuven a una convivencia armónica y de bienestar social. Estamos frente a un problema cultural y como tal debemos enfrentarlo. Cultura de la vida, de la honestidad y el progreso social vs Cultura de la muerte, del delito y del aprovechamiento de lo público para el beneficio personal. 

Necesitamos una sociedad que no se rinda ante la idea que el mundo fue y será una porquería como dice el famoso tango. Hemos demostrado que podemos ser mejores. En el fondo queremos ser mejores. Necesitamos que la sociedad toda incluyendo al gobierno y sus opositores entienda que más que la harina pan y el papel sanitario nuestra mayor escases es la de valores. 

 

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