Aunque la Mesa de Diálogo se instaló con bellos manteles y toda la cobertura mediática del caso, aun cuando el papa Francisco ha tenido la enorme gentileza de enviar un facilitador, los ex presidentes de España, República Dominicana y Panamá han sido diligentes en las tareas que se les asignaron y el presidente de la Unasur ha puesto verdadero empeño en que la cuestión avance, el Gobierno y la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), realmente, aún no comienzan a hablarse y les voy a explicar por qué.
Aunque se vean a las caras y se den las manos cortésmente no se reconocen. Ambos han sido obligados por las circunstancias apremiantes del país a sentarse allí, pero ni este ni aquel renuncia a la peregrina idea de que en algún momento, sin quizás tener claro cómo y cuándo, puede noquear al otro. Y no ha salida por nocaut.
Por eso es difícil que haya un acuerdo, que ambos sectores sedan en algunas de sus posturas y exigencias, que de verdad se logre un proyecto de convivencia, hasta tanto no renuncien ambos al otro diálogo, al de los micrófonos y las pantallas de televisión, en el que a diario se insultan, se desconocen y descalifican y que cada vez interesa menos a los venezolanos.
La fulana polarización de antier ya no polariza a la gente, perdieron el magnetismo, pero la dirigencia del chavismo y la dirigencia de la oposición siguen sobre una misma baldosa, cachete con cachete, en un baile para dos. Fíjate en este detalle.
El presidente Nicolás Maduro, siendo un grandes ligas, no tuvo reparos en sentarse el primer día de los diálogos con el pitoquito de Carlos Ocariz porque para su Gobierno es vital que la MUD acepte el dialogo, pero ahora dice que el alcalde de Sucre y representante de Primero Justicia (PJ) está fuera de ranking porque insiste en que ellos quiere referendo revocatorio (RR) o elecciones generales este año ¿se paran los diálogos entonces? Además, si no está en su ranking pues señor Presidente no le responda usted.
Maduro quiere que se hable de las elecciones de gobernadores de julio 2017 pero no del RR y le ha insistido públicamente al primer vicepresidente del Psuv, Diosdado Cabello, que hay que concentrarse en eso ¡bien! ¿Y es que ese evento electoral, ya sea una victoria del chavismo o una derrota, no va afectar la estabilidad de su propio Gobierno? ¿De verdad la crisis puede postergarse, regionalizarse o municipalizarse?
Algo más. El Gobierno dice que quiere diálogo y paz ¡bien!, pero dos de los principales voceros del chavismo, Diosdado Cabello y Jorge Rodríguez, no dejan de hablar de lo dividida y rota que esta la MUD y aunque eso, francamente, es inocultable ¿Sí la MUD se desintegra como parece ser el deseo del chavismo –o la forma en que creen pueden descalabrar a su interlocutor en el diálogo- con quién van a hablar? Si ha sido difícil que la MUD asuma su responsabilidad con el país y se siente a ver cómo se logra un proyecto de convivencia, imagínese que esa ampolla explote.
Puede ser una paradoja o de hecho lo es, pero si a alguien le conviene que la MUD no termine de implosionar es al Gobierno ¿Quién podría controlar a los Gremlins? O, peor aún, si la Coordinadora Democrática dio paso a la MUD no me quiero ni maginar lo que podría salir de los pedazos de la mesa. El Gobierno se afana en creer que su problema umbilical es la achacosa MUD y que quizás muerto el perro se acabó la rabia. Pero he escuchado a voceros autorizados de la Revolución decir que en las calles hay un “renacer del chavismo”. Yo ni me había enterado de que había fallecido, condición obligada de todo renacimiento.
¿No será más bien que la dirección de la revolución perdió la capacidad, la sensibilidad necesaria para entender al chavismo, que no es otra cosa que el pueblo mismo? El chavismo no está renaciendo porque nunca ha muerto, puede ser que aún este de luto, que se sienta solo, acorralado o que este arrecho, pero jamás muerto. Prefiero pensar que la cuestión está en que ya no hay quien logre interpretarlo.