En el primer trimestre, nuestros vecinos de la región han decidido ajustar sus gastos e intentar captar recursos por medio de deuda e impuestos, debido a que reconocieron el fin del ‘súper ciclo’ de los commodities (cobre, hierro, soja, petróleo, etc.), y con ello aceptaron que deben reorientar sus decisiones de gastos y administrar pulcramente su hacienda pública para aminorar el desplome de sus ingresos.
Así vemos como México redujo su gasto en 7 mil millones de dólares, Colombia ajustó su presupuesto y lo disminuyó en 2 mil millones de dólares, Ecuador hizo lo mismo y la reducción fue de 800 millones de dólares, Brasil hizo un fuerte ajuste en sus finanzas alcanzando casi los 6 mil millones de dólares y Chile lo recortó en 540 millones de dólares.
Estos países están tomando decisiones para cuadrar sus cuentas públicas aun presentando déficits fiscales ‘manejables’ si lo comparamos con el nuestro. Por ejemplo, México tiene 3,50% del PIB, Colombia 3,60%, Ecuador 5%, Brasil 1,88% y Chile 2,2%. En cambio, nosotros hacemos todo lo contrario teniendo una situación económica —claramente— aún más desfavorable que nuestros vecinos, pues bordeamos un 18% de déficit del PIB con facilidad, ostentamos una inflación de tres dígitos, padecemos un desabastecimiento inhumano y pare usted de contar.
Nuestros vecinos son países que están respetando las leyes económicas, están optando por un ejercicio fiscal responsable, están visualizando que deben prepararse para varios años de bajo crecimiento económico, están aclimatándose al nuevo contexto, están aplicando estrategias para oxigenar sus finanzas públicas y están reduciendo gastos ineficientes sin sacrificar los recursos en el financiamiento de los programas sociales y seguir sosteniendo aquellas inversiones con elevados efectos sobre el dinamismo económico.