Félix Cordero Peraza  

Momentos de angustia e incertidumbre vivió el país en los días previos y durante el primero de septiembre. El temor invadió a la nación y por la mente de los venezolanos pasó cualquier cantidad de hechos y circunstancias desde enfrentamientos entre un campo y otro, pasando por insurrección social y cruce de disparos con las fuerzas armadas. Duros momentos donde estuvo en juego la paz de la nación.  No obstante, las reiteradas declaraciones de la MUD que la describía como pacífica, electoral y democrática. En fin, días muy difíciles acabamos de pasar. Y el país entra a una nueva etapa a finales de octubre cuando se recogerá el 20% de las firmas para el Revocatorio. ¡Prevaleció la sensatez!    El diálogo se rompió y no hay convivencia ni conversaciones entre el gobierno y la oposición. Gran tragedia la de los venezolanos.  Ambos sectores políticos implementando estrategias políticas de exterminio del contendor. Contracorriente al 85% que prefiere el diálogo y la coexistencia pacífica entre unos y otros.   En el subconsciente la gente sabe que lo mejor es un acuerdo para resolver el grave problema del desabastecimiento de alimentos y medicinas. Unir esfuerzos porque en la unión esta la fuerza que pueda evitar el colapso de la nación. Y sacar a la población de la gravísima crisis por la cual atraviesa ahora. Pero ¿cómo convencer al segmento político de esta  perspectiva?       Observemos bien, aquí el asunto es que ninguno de los dos campos tiene su prioridad en los problemas principales de los ciudadanos. Sus miras están puestas en la ejecución de una estrategia de defensa del modelo que defienden. Uno socialista y el otro neoliberal. Allí ponen sus grandes recursos, políticas y acciones. ¡Es el enfrentamiento entre dos modelos! Entonces, la lucha interna se vuelve internacional. No solo intervienen los organismos multinacionales sino también los gobiernos de los otros países. No es una batalla interna porque están en juego dos sistemas que dividen al mundo. Y todos se sienten con derecho a intervenir pasando por encima de la soberanía y el principio de la autodeterminación de los pueblos.   Vivimos momentos inestables y agresivos en lo emocional y motivacional. Las diferencias debilitan nuestra fuerza colectiva. Buena parte de la población carece de un ambiente propenso a construir y compartir propósitos comunes.  Precisamente, cuando presenciamos un mundo de alternativas múltiples. En la lucha por el poder y por influir sobre los demás logrará la victoria quien logre armonizar los conflictos e intereses en beneficio de la nación. ¡Son tiempos de cambio! Las organizaciones dejan las jerarquías y se convierten en redes descentralizadas.  Esto es lo moderno. Lo más adecuado para la actual sociedad en cambio.      Percibir anticipadamente lo que debe ser el porvenir estimula acciones conjuntas y motiva una actitud creativa y productiva en las personas. Esto es lo que se llama pensamiento estratégico.  Porque las visiones son estrategias a largo plazo. En la presente coyuntura política sería necio pedir por ejemplo que ambos polos oposición y gobierno tuvieran una misma visión de futuro, si precisamente eso es lo que les separa.     Trabajar juntos en provecho de la ciudadanía es lo que está reclamando la población cuando habla de la necesidad de diálogo.