Muchas son las penurias las que estamos atravesando los venezolanos, que requieren de un despertar colectivo que vaya mas allá de los egos particulares y aspiraciones de los partidos políticos, ciertamente en un país democrático se requiere del concurso de los partidos, sin embargo, la experiencia en Venezuela durante los últimos años de la clase política del gobierno y la oposición ha sido completamente detestable.
Por una parte una dirección política gubernamental que ha carecido de la capacidad para asumir las riendas de un gobierno con eficiencia y una oposición obtusa que no ha logrado atinar con una estrategia convincente que conlleve a desplazar a los primeros.
Ante esta cruda realidad, se pone de manifiesto que el despertar debe ser de la ciudadanía, del pueblo venezolano, de los indignados ante este régimen que ha destrozado la economía venezolana, que ha llevado a miles de venezolanos a hurgar en la basura para conseguir algo que comer; que ha reducido la capacidad alimentaria con la única opción de hacer una sola comida al día; que ha conllevado a que miles de jóvenes abandonen sus estudios universitarios, perdiendo la esperanza de poder lograr un sustento mejor para crecer y avanzar, optando a irse del país para poder subsistir y enviar una remesa mensual a sus familiares para medio alimentarse; que ha provocado la ruptura de miles de matrimonios donde el padre o la madre ha tenido que salir del país, dejando su hogar, esposa e hijos, para poder mantener a la familia.
Lo más grave aún es que las expectativas de cambio cada vez son menores y el país se está quedando sin futuro, con una población anciana que tiene que pasar vicisitudes para poder cobrar una pensión gubernamental que a duras penas servirá para tres días de comida, esa es una gran verdad que se hace necesario escribir, duele ver a los ancianos que dieron su vida por Venezuela, amaneciendo frente a las instalaciones bancarias para lograr sacar unos billetes cada día con menos valor adquisitivo, duele verlos haciendo largas colas con el estomago vacío, enfermos y hasta desmayados, con sus caras de frustración cuando les informan que el banco se ha quedado sin efectivo, eso realmente duele y requiere de un despertar colectivo.
