El juego está trancado. A pesar que en el dominó la “tranca” no se gana igual que en la política, porque en ese juego cobra quien tenga menos “pintas”, y acá es quien tenga más votos; sin embargo, en ambos es necesario contarse. El desenlace político en Venezuela requiere de unas nuevas elecciones y debemos prepararnos para contarnos. El Gobierno no tiene mayoría en el pueblo y, la oposición no encuentra un camino expedito para asumir el gobierno. Sólo el pueblo sabe qué debería hacer y tener cada cuál. Según las encuestas, el 82% rechaza al Gobierno, pero igualmente el 95 % rechaza un golpe cívico-militar. El 92% dice ser demócrata, pero no aguanta un día más el peso de esta catástrofe y está dispuesto a contarse. ¿Entonces?: ¡Contémonos!
El proceso electoral que hasta ahora está programado, son las elecciones de gobernadores de estado y diputados de los consejos legislativos del país, estimado para finales de este año. Este es un acuerdo oficial que lo establece y lo exige la Constitución Nacional y debe dársele cumplimiento.
Lo todavía no aprobado, pero de gran agrado en el pueblo, sería adelantar la convocatoria a elecciones para revocarle en un referéndum el mandato al presidente de la República, o reducir el término de su mandato, acortándole su período de gobierno, solicitarle su renuncia o convocar a una nueva constituyente. Tanto la MUD como la Asamblea Nacional están articulando esta estrategia mediante un plan llamado “Hoja de Ruta”, con el propósito de adelantar las elecciones presidenciales, donde incluyen todos estos instrumentos que la Constitución Nacional permite para destituir y designar un nuevo gobierno. La casi totalidad de ellos requieren elecciones, pero para su aprobación se necesita derribar varios obstáculos en el CNE y el TSJ que sólo se puede lograr con una gran presión de las masas populares o en un gran acuerdo nacional.
Lo que hemos señalado hasta ahora es el escenario político, pero lo social y económico es aún más grave. Aquí no sólo está trancado el juego, sino que no hay cartas para contarlas, nadie sabe cuántas “pintas” tiene el Gobierno, ni dónde están las cartas. Los dólares desaparecieron, las reservas en oro no se sabe dónde están, el servicio eléctrico está en punto de colapso. No tenemos agua, ni alimentos, ni medicinas. Le debemos reales a todo el mundo, el aparato productivo está paralizado, el desempleo y la inflación duplicaron la pobreza, ganamos un salario mínimo de menos de 12 mil bolívares mensuales y los gastos para la casa, la llamada cesta básica, es de 122 mil bolívares mensuales.