La solidaridad entre naciones es una quimera, tan rara como puede serlo entre personas cuando no hay vínculos afectivos claros.
En días pasados ocurrieron dos eventos electorales, uno en Estados Unidos y el otro en Nicaragua.
El primero generó más atención entre los venezolanos que el segundo, ¿por qué? Se podría argumentar sobre el impacto a escala mundial de la nación norteña, sus amenazas para la paz mundial y el cambio climático, entre otros; pero lo cierto es que este mayor interés nace por las posibilidades que los resultados electorales pudieran tener en la vida de cada uno.
Lo que pase en Nicaragua parece afectar poco a la complicada crisis que atraviesa Venezuela, por el contrario un nuevo Presidente en los Estados Unidos pudiera tener efectos importantes en factores como el diálogo, así como en las negociaciones con Cuba, país que sin duda influye en toda esta historia. De esta manera, un proceso electoral cuestionado en el país centroamericano, con muchas similitudes a los procesos marcados por el desequilibrio que se han vivido en Venezuela, trajo poca atención. En tanto que otro proceso en el que la Democracia pareció funcionar ha captado mayor atención. Lo anterior puede servir para reflexionar sobre las posibilidades ciertas que se tiene de captar la atención sobre el conflicto venezolano. En la medida que la situación afecte algunos intereses más allá de nuestras fronteras, en esa medida la participación internacional será más activa, pero si por el contrario esos intereses no son tocados lo que pase en el país no generará más que algún que otro titular acompañando discursos de solidaridad y llamados a respetar la Democracia. En pocas palabras, cada quien anda por su cuenta según sus intereses.
