Cuando en un país la principal mercancía demandada u ofertada a altos precios es el papel moneda mismo, cuando, incluso, el acceso al dinero “contante y sonante” es un obstáculo para el intercambio de servicios y mercaderías es que la economía ha sido volteada como una media.
Los mercados de divisas los inventaron los fenicios, son tan viejos como la ruta de la seda, pero cuando el mercado de dinero se impone sobre el resto de los mercados llegamos a la fábula de los frijoles mágicos o a la del “entierro de morocotas” que nos contaban las abuelas.
No es posible un “socialismo monetarista”. Si, además, entendemos el socialismo como una justa distribución de las riquezas creadas colectivamente por un país, no tiene sentido distribuir con base a un símbolo monetario que pretende valer más por sí mismo, como mercancía, que por el valor que representa u acumula.
La guerra económica, como la llama el Gobierno, o los excesivos controles a los procesos económicos, como le dicen las cámaras empresariales y sus analistas de oficio, han creado a pulso una situación monetaria que es irreal con respecto a la economía propiamente dicha, la que consiste en crear bienes y servicios e intercambiarlos con base a acuerdos mínimos sobre costos y precios medianamente estables.
Ese pulso, que nos hace perder el pulso a la mayoría de los venezolanos, salió a flote, incluso, en la soberana y plenipotenciaria ANC. Los discursos del 9 de agosto pasado de los constituyentes Oscar Schemel –quien afirmó que los controles gubernamentales no habían alcanzado sus propósitos- y que fue seguido por el de Aristóbulo Istúriz –quien explicó cómo el bolívar es atacado constantemente desde Cúcuta y Miami, cómo el país es sometido a un bloqueo financiero y a un boicot comercial- ambos aplaudidos copiosamente, acusan recibo de las contradicciones que han anidado entre el chavismo (…)
La gente no quiere más diagnósticos, menos sin son del tipo reservado, sino acciones claras y efectivas que nos pongan en la ruta para salir de la crisis (…). La dirigencia de la revolución bolivariana habla constantemente de una economía post petrolera, de superar el rentismo, ¡bien! ¿Y eso cómo se hace? Es raro, por ejemplo, que se insista en decir que el petróleo no da para más y al mismo tiempo el presidente Maduro informe que la República ha pagado, en 24 meses, la bicoca de 64 mil millones de dólares ¿Cuánto representa ese monto del ingreso por petróleo? ¿Por qué hay dólares para honrar los compromisos internacionales y no para cubrir la inversión en lo público y las demandas de la economía? (…)
Será que el “acto de prestidigitación” a través del que el Banco Central transforma dólares en bolívares y viceversa termina por afectarnos a todos, que la fábula del “entierro de morocotas” está instalada en nuestro hipotálamo colectivo. ¡Quién sabe! Pero se me ocurre que el primer paso real para superar el fulano “rentismo mágico” es sincerar nuestras cuentas, los costos y precios reales de la economía nacional, incluyendo la petrolera.
El precio del barril ha estado rondando los 50 dólares, apenas 10 menos de los 60 previstos en el presupuesto nacional 2017, eso sería como un 20% menos de los ingresos previstos, pero el Gobierno ha dicho que el bajón es de 80% ¿cómo es eso? Ahora que tenemos ANC y que ésta prometió un diálogo en torno al asunto económico, empecemos por allí, revisando y sincerando el presupuesto de la República.