Recientemente estuve leyendo un buen libro de Giovanni Sartori, que recibí como regalo de cumpleaños de mi gran amigo Johel Salas y su esposa Raima, el texto “La democracia en 30 lecciones”, aborda su significado y las condiciones para hacerla posible, ahondando en su reflexión sobre el tema de la libertad política y la igualdad, de igual forma aborda el desarrollo de los modelos políticos entre el liberalismo y el socialismo, como la distinción entre las derechas e izquierdas, transitando entre la relación de la democracia y el desarrollo económico, el peligro que representa el debilitamiento de la democracia, como también su futuro.
Y cito a Sartori, ya que en oportunidades después de escribir un artículo de opinión, recibo comentarios positivos, como también fuertes críticas de distintos actores políticos que se ubican en las tendencias partidistas que hoy dominan la escena electoral en Venezuela, todo dependiendo de los argumentos que pueda esgrimir sobre quienes se sitúan entre la oposición y el oficialismo, o para quienes erróneamente lo llaman derecha o izquierda. En una oportunidad, a Sartori le preguntaron: profesor, ¿pero usted es de derechas o de izquierdas? Y respondió: Buena pregunta, yo también quisiera averiguarlo desde hace mucho tiempo, pero todavía no lo he logrado.
Ciertamente, al igual que lo ha planteado Sartori, la política no es un tema de ubicación de coordenadas, es un asunto de “democracia”, de su calidad, de conciencia, del instrumento principal que le permite a los ciudadanos defender sus derechos y su libertad, es un asunto de “doxa”, es decir, de opinión, donde los ciudadanos estén suficientemente informados sobre los asuntos políticos, para estar en condiciones de elegir quienes decidirán sobre las cuestiones del gobierno.
Hoy, nos debatimos en el país sobre si el futuro de la democracia está en la realización o no del referéndum revocatorio, en si nos gobiernan los políticos de izquierdas o derechas, como si el efecto que conllevaría su resultado mejoraría la calidad de nuestra democracia, resolviendo a priori los graves problemas que nos aquejan a todos, o por el contrario generaría una decepción generalizada al verse diluidas, inalcanzables y sustentables en el tiempo las promesas realizadas, ante la ausencia de un proyecto de acción, de ideas y propuestas para sacar al país de esta grave crisis donde nos encontramos sumergidos, generando este experimento “refrendario” un culetazo de tal magnitud, que por efecto rebote reanime las llamas del populismo y sea peor el remedio que la enfermedad.
