La crisis del modelo rentístico petrolero es estructural y sistémica por abarcar las esferas políticas, económicas, sociales, alimentarias, energéticas, climáticas y de valores éticos, refleja un panorama de nuevas realidades e inmensos retos que solo la revolución de la conciencia tiene la grandiosa responsabilidad de innovar, transformar, cambiar y construir la sociedad de justicia, igualdad y paz.
La visión oriental sobre el significado de la crisis, es que representa el final de un ciclo y el principio de otro, bajo un nuevo paradigma. Vivimos en un momento estelar de cambios de paradigmas, como decía el economista Josep Schumpeter, estamos en época de “destrucción creativa”, porque los agentes económicos innovan y producen el desequilibrio, rompe con el statu quo, abandonan sistemáticamente lo establecido, lo acostumbrado, lo cómodo, en pocas palabras, buscan nuevas oportunidades de progreso para la sociedad. Ante esa realidad, tenemos que entender y prepararnos para los cambios constantes que están aconteciendo en la sociedad, porque en el país de lo mismo ya no somos el mismo país, evitemos que nos pase como la paradoja de “Quien se llevó mi queso”, que solo por el hecho de cambiarle el lugar donde siempre se colocaba el queso al ratón, lo desesperó y lo volvió loco. Esto no debe pasar a nuestro pueblo, tenemos que conocer la dimensión de la crisis y sus realidades, saquemos la visión apocalíptica que la misma es el caos para lograr acabar con mitos y creencias que nos permitan trabajar unidos en la superación de las circunstancias adversas y convertirla en una gran oportunidad, para ello necesitamos:
1.- El diálogo, es el único camino para dirimir nuestra diferencia en paz. La política debe prevalecer sobre la barbarie y la violencia, es catastrófico dejarle como herencia a nuestro hijo un país en guerra, nunca nos los perdonarían.
2.- Reconocer que la crisis es el colapso del capitalismo rentístico petrolero que predominó en los últimos 70 años, ahora necesitamos construir la nueva economía productiva.
