Opinión

¡Empiece a tomar posición!, reflexiones de Maryclen Stelling

Recientemente, a raíz de un escrito fui increpada, a través de twitter, por una dama que me emplazó y conminó a lo que ella denomina “tomar posición”. Suerte de intimidación que exige el cumplimiento de una obligación moral y política que se profundiza en el país, la polarización. 

Se desprende de tal increpación una valoración en torno a la radicalización, en desmedro de las voces que se oponen y denuncian  la lógica polarizante que pretende hegemonizar cultural y políticamente la sociedad venezolana. Naturalizada la confrontación, el país se convierte en un territorio en situación de conflicto permanente que, curiosamente, le brinda forma y sentido a la comunicación y la convivencia.

Ocurre una interacción dinámica entre las dos fuerzas polarizantes que, “sin querer queriendo”, se observan, se miden y se relacionan. Polos opuestos de una polaridad, fuerzas energizantes de carácter simbólico, psicológico, semiótico y político en  constante tensión y distensión que se influyen mutuamente en una necesaria complementación.  

Pareciera que el hilo conductor que nos vincula son las dos narrativas que se confrontan en el país  y que ofrecen justificaciones contradictorias de la legitimidad política y de su sustento ético.  Dos planteamientos, dos versiones, complementarias y “verdaderas”  de cómo debemos entender la política, la economía, la cultura, las relaciones sociales  y la convivencia. 

Dos relatos que, aun cuando  hasta el momento no han podido conciliarse, funcionan como una suerte de alianza,  contrato o pacto polarizante, que probablemente ha  impedido una salida violenta. Dos medias verdades que no deberían entonces desequilibrarse y, de allí, la presión social hacia la toma de posición en torno a cualquiera de los sectores radicalizados.

En la coyuntura actual se observa una profundización de la polarización de parte de Gobierno y oposición, en tanto  mecanismo de poder y control social que se apodera de la escena política nacional. Desde lo político se promueve y fortalece el pacto polarizante.

A merced de tales fuerzas, suerte de sistema político y semiótico de polaridades, es obligante demandarnos si tienen sentido los llamados al diálogo, a la reconciliación, a la construcción de consensos mínimos, de espacios plurales y de tolerancia… 

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