El petróleo como fuente de riqueza para un país como Venezuela, es un privilegio de Dios para nosotros los venezolanos, y a la vez, ha sido un estigma para nosotros en el comportamiento ante la inmensa riqueza explotada. Cabe recordar que para los años iniciales del siglo XX, el petróleo comercial fue promovido por las grandes corporaciones mundiales explotadoras de petróleo. Creole, Shell, Mene Grande Oil Company, fueron las pioneras en el descubrimiento de la gran riqueza petrolera que yacía en las entrañas del territorio venezolano. Desde entonces, hasta el año 1.975, las compañías extranjeras manejaban el negocio petrolero a sus anchas y el poder político estaba supeditado a la explotación de petróleo. En el año 1975, se nacionaliza a media la industria petrolera venezolana, se deja abierta la posibilidad de asociaciones con los extranjeros y convenios tecnológicos, permitiendo que las empresas extranjeras siguieran teniendo injerencia y responsabilidades en las operaciones de nuestra industria petrolera.
Los ingresos por la explotación de petróleo a favor de Venezuela es otra historia llena de luchas y conflictos de intereses con las empresas extranjeras. Para inicios del siglo XX, el Estado venezolano percibía ingresos muy exiguos de parte de las empresas extranjeras. Con el tiempo surgió unos de los venezolanos más brillantes y nacionalistas de nuestros tiempos, el Dr. Juan Pablo Pérez Alfonzo, uno de los creadores de la Organización de los Países Productores y Exportadores de Petróleo (Opep), y un defensor de los intereses de Venezuela ante las empresas extranjeras encargadas de explotar el petróleo. Se llegó a establecer el 50% y 50% en impuestos e ingresos para Venezuela. El concepto de regalía, como derecho de Venezuela a cobrar el uso de la explotación petrolera. De esta manera, se fue evolucionando hasta llegar al año 2001, cuando se pone en vigencia la nueva Ley Orgánica de Hidrocarburos líquida, donde se consagra la plena soberanía de nuestra patria en el manejo de los hidrocarburos líquidos. Es el Estado venezolano en representación de la nación, el propietario inalienable e intransferible. Se establece que el Estado venezolano no puede tener menos de la mayoría de las acciones y el control operacional de las actividades propias de la explotación de petróleo. Se eliminan cualquier forma y manera de burlar los controles accionarios y operacionales. En la misma ley, se regulan y establecen las normas de funcionamiento para las fases del negocio petrolero en exploración, producción, transporte, almacenamiento, distribución y comercialización.
Esta nueva normativa con sus reformas posteriores, ha permitido a Venezuela recibir mayor proporción de impuestos por regalía, impuesto sobre la renta y demás aforos establecidos, los cuales han significado ingresos muy superiores en beneficio del pueblo venezolano.
Entonces, el corolario de lo expuesto, es que nuestra industria petrolera venezolana es una de las más importantes del mundo, con reservas probadas de más de 300.000 millones de barriles, con factor de recobro del 20%, estimándose que en un futuro no muy léjano, ese factor de recobro podría alcanzar un 40%, razón por la cual las reservas serían el doble de las reservas actuales. Con ello, nuestra industria petrolera es el verdadero soporte de nuestro país, y debe ser el elemento clave para impulsar el desarrollo y fortalecimiento de los otros sectores productivos. Los ingresos petroleros deberían ser, claramente, asignados a los sectores productivos. Saber dónde se invierten los ingresos petroleros en beneficio de Venezuela.