El llamado a la abstención, por parte de un fragmento de la MUD, me recuerda un capítulo de Los Simpsons en el que Bart lleva a su perro ”Pequeño Ayudante de Santa Claus” a una escuela de adiestramiento canino.
El perro de Bart, un perro muy Simpson, no le paraba a nadie y Bart necesitaba demostrar que su perro sí le obedecía, ya no recuerdo para qué. Lo que sí recuerdo es que el día del examen final, Bart le daba órdenes al perro: ”Siéntate, Ayudante de Santa, siéntate… bueno, no, hazte el muerto, vamos, hazte el muerto… bueno, no, dame la pata, bueno, no, huélele el trasero al perro marrón ¡Eso es, buen muchacho!”.
Tengo un termómetro personal que, aunque nada científico, es muy efectivo para medir el entusiasmo opositor: los grupos de whatsapp de juntas de vecinos o de padres y representantes del colegio. En esos grupos hay una regla de convivencia principalísima: Cero política.
Esa regla era sagrada solo hasta que Capriles mandaba a descargar la arrechera, o Leopoldo inventaba La Salida, o Ramos Allup meneaba el motor arrechísimo; entonces esos grupos se convertían en barricadas guarimberas virtuales desde donde pedían perseguir chavistas, amarrarlos en postes, lincharlos, que vengan los marines, que Venezuela sea Libia, plis, #SOSVenezuela.
