Es difícil (y largo) enumerar los numerosos errores cometidos por la oposición en los casi veinte años de Revolución Bolivariana: hoy se encuentra desmembrada, falta de credibilidad, con una muy disminuida capacidad de influencia y movilización, ausencia de posiciones institucionales (gobernaciones y alcaldías) y sobre todo un enorme deterioro de la imagen de su dirigencia.
Quizá, el principal error haya sido abdicar –en nombre de su “democracia”- de la línea electoral adoptada desde 2006, señala el politólogo Leopoldo Puchi. Muchas de ellas no piensan en reintegrarse a la vida política (otras lo vienen haciendo) y siguen insistiendo, sobre todo fuera del país, en una solución externa (invasión, injerencia) que les dé acceso al poder.
Pero, vista la perspectiva de Puchi, esto no ha beneficiado al oficialismo, ya que “la vitalidad de un sistema político depende de la existencia de una pluralidad que permita la contraposición de los diversos intereses sociales a través de organizaciones y partidos”.
En medio de la guerra de micrófonos, memes y videos, surge la idea de una (nueva) reforma constitucional que permita unas elecciones generales el año que viene. Pero el diálogo no surge naturalmente, por la obstinación de grupos en el poder de aferrarse al mismo y la falta de proyectos y opciones dentro de una derecha sin candidatos potables y votables (con rechazos que superan el 70%), tal como lo indican los sondeos de la Universidad Católica e Hinterlaces.
