1) No se necesita mucha agudeza política para darse cuenta que los venezolanos estamos transitando por un campo minado. Hay cargas explosivas provenientes de la situación económica, concretamente de todo cuanto tiene que ver con el angustioso tema del desabastecimiento y el costo de vida, que tensa situación social; y, por otro lado, los movimientos de sectores de la oposición donde crece la angustia porque sus cálculos para salir de Nicolás Maduro y del chavismo no se dan. Para el Gobierno nacional el reto es ineludible. Incluso simple: o abastece los anaqueles con comida y artículos de primer necesidad, así como con los medicamentos que necesita con urgencia la población, o se verá precisado a extremar las medidas de emergencia para garantizar el orden público. Camino éste no recomendable por las complicaciones que genera. Con la dirección opositora pasa otro tanto: o controla los nervios y coge mínimo o termina repitiendo los errores de siempre. Que no son otros que los que desata la desesperación que conduce a incurrir en episodio de violencia como el 11-A, el paro petrolero y las guarimbas.
2) No es fácil sortear la actual situación. Extremadamente complicada por los numerosos factores que confluyen en ella. El más inquietante quizá sea la ingerencia extranjera y, más concretamente, del Gobierno de EE UU a través de sus organismos de seguridad e inteligencia. Los cuales, en el viraje que Obama le ha dado a su política exterior adquieren influencia determinante. Hay algo que cabe destacar: la oposición, por ejemplo, no tuvo capacidad democrática para digerir la victoria electoral del 6 de diciembre del año pasado. La sobrevaloró y llegó a considerar que estaba a las puertas del poder. Esa evaluación equivocada fue lo que llevó a un político veterano como Henry Ramos Allup a pronosticar, en la sesión de instalación de la Asamblea Nacional, que en seis meses Maduro saldría de la Presidencia, y a que la oposición en general considerara que el nuevo Legislativo era una especie de superpoder que le permitía competir, de quien a quien, con otros poderes del Estado.
3) Para el gobierno constitucional el desafío era inaceptable. No reaccionar significaba sucumbir. Por tanto, no tuvo otra alternativa que aceptar el reto y responder reivindicando sus atribuciones constitucionales. Hay que entender lo que ocurrió, que explica los desarrollos posteriores de la política: La radicalización de las posiciones y la polarización. En el marco de impedir la caotización, ¿qué correspondía hacer? Aprovechar la mediación de Unasur y la participación de personalidades confiables —Zapatero, Fernández y Torrijos— para rescatar el diálogo del rincón en que estaba confinado. Esto lo planteó Maduro desde que accedió a la Presidencia. Pero sin éxito. Ahora lo actualiza con el propósito de sacar el debate de la charca de la polarización y abrir una vía hacia la racionalidad. De nuevo la oposición rechazó el llamado condicionando el diálogo con iniciativas inaceptables, actitud que es producto del temor que tiene su liderazgo a los radicales que chantajean y consideran que cualquier contacto con el chavismo es una traición. Por eso la negativa de Ramos Allup a dialogar, insólita en un dirigente político, y, además, presidente de un Poder del Estado como la AN.
4) En estos momentos las perspectivas del país no cambian por culpa de una oposición que cada día se aparta más del camino institucional y democrático. La posible frustración del revocatorio por culpa propia; por recurrir a insólitos extravíos que no se sabe si son deliberados o consecuencia directa de las pugnas y desorganización imperantes en su seno, impide acceder al diálogo que los venezolanos reclaman. Igual pasa con la insensata propuesta de aplicar en la OEA a Venezuela la Carta Democrática, que no es otra cosa que el aval que necesita una intervención foránea que, ineluctablemente, conduce a la violencia. Razón por la cual el dilema es claro: o se dialoga o la violencia se apodera del país. Pero el diálogo se impondrá. Como se impuso en la OEA, dejando con los crespos hechos a la oposición aventurera.
