Antonio Pérez Esclarín / Articulista / @pesclarin
Resulta evidente que la profunda crisis política, económica y social que vivimos tiene su origen, su sustento y razón principal en la terrible crisis moral que ha corrompido vidas y conductas, ha exacerbado la ambición, la deshonestidad y la inmoralidad, y ha hecho de la ley y de la constitución algo inútil porque, si bien todos la invocan, muy pocos la cumplen.
Hoy, asistimos a un fuerte debilitamiento de la ética donde cada uno decide lo que se puede hacer o no se puede hacer. El fin justifica los medios. Todo parece lícito si produce poder o si produce dinero, que son los valores esenciales. Para obtenerlos se sacrifican vidas y personas, se engaña sin el menor pudor, y arropándose en una retórica pacifista y patriotera, se recurre a la violencia e incluso a la tortura para mantener el poder y la ambición.
Por ello, cada día ganan más y más terreno las llamadas economías subterráneas como el sicariato (de lo único que no hay inflación en Venezuela es del valor de la vida que cada día vale menos), la corrupción, la delincuencia, el secuestro, la prostitución de adultos y de niños, la pornografía, la especulación abierta y descarada, el tráfico de drogas, de armas, de órganos y hasta de personas. El llamado de Jesús “Amaos los unos a los otros”, lo estamos traduciendo por “Armaos los unos contra los otros”. Por otra parte, propuestas moralizantes y discursos con fervientes llamados a la ética, ocultan con frecuencia, la manipulación, el ansia de poder, la corrupción, el engaño, la mentira. Hoy se miente tan descaradamente que ya no sabemos qué es verdad y qué es mentira, pues hemos matado el valor de las palabras.
