La confrontación condena a los dos bandos a la derrota y a los venezolanos nos condena a la miseria y a la pobreza. El Gobierno pretende quedarse en el poder a perpetuidad, y para lograrlo piensa que es suficiente el apoyo “institucional” que tienen, incluido el apoyo de la Fanb, y el apoyo de la porción de la población que lo respalda.
El plan del Gobierno es prender las maquinitas del Banco Central y seguir imprimiendo dinero inorgánico para financiar el gasto público: los aumentos salariales, las empresas quebradas y lo que queda de misiones, y proteger de la inflación a sus partidarios repartiendo las bolsas Clap (32,7% de la población recibe con regularidad las bolsas Clap. Fuente: Consultores 21, marzo 2017).
Ese plan es inviable, la crisis económica y financiera que se nos viene encima no les va a dar ni para los Clap. La caída dramática en la producción petrolera y en los precios hace inviable ese plan. Persistir en el empeño de perpetuarse es la peor apuesta que pueden hacer quienes hoy detentan el poder.
La gente que adversa al Gobierno ha salido a la calle con desesperación a pedir la salida de Maduro. Supongamos que los que están poniendo las barricadas logran llegar al poder y los que están en el poder pasan a poner las barricadas. ¿Qué nos espera? El gobierno que venga a sustituir a este va a enfrentar una crisis monumental. La producción petrolera, que llegó a estar en 3 millones y medio b/d, va por 2. A finales del año vamos a estar produciendo 1,7 millones y, de esos, 700.000 se los tenemos que entregar a los chinos a partir de enero del 2018 como pago de la deuda de $20.000 millones que tenemos.
