El elector está decepcionado de la política y de los políticos. Y su repuesta es ahora no ir mayoritariamente a votar. En verdad, no será una fiesta electoral, alegre y bulliciosa.
Una inmensa protesta apacible de la ciudadanía recorre al país, como demostración de su consciente y generalizado descontento. Por lo menos, eso es lo percibido en los cortos días preelectorales. Pronósticos personales y estudios sociales dan cuenta de la probable alta tasa de abstención. El elector está decepcionado de la política y de los políticos. Y su repuesta es ahora no ir mayoritariamente a votar. En verdad, no será una fiesta electoral, alegre y bulliciosa. Porque el descontento y la inconformidad con la política crece análoga a la crisis económica que sufre Venezuela. Correlativa a la repuesta ineficaz del gobierno a la demanda de los ciudadanos. La insatisfacción colectiva no distingue hoy si se es gobierno u oposición. La gran mayoría de los venezolanos viven momentos de incertidumbre y perplejidad.
Muchas son las causas de este lamentable trance. El país ha regresado a etapas superadas y pareciera que no hay signos que indiquen avances cuantificables. Vamos para atrás mirando por el retrovisor y el angosto y zigzagueante camino presagia eventos de especial complejidad política. La gente de pocos recursos y tapa ojos, sigue la ruta por dadivas que medio cubren las necesidades básicas y les mantienen dependientes y clientelares. Alcanzan a medias sus carestías existenciales y cumplen trabajos comunales planeados por quienes gobiernan. Un férreo control social es el objetivo principal y sus efectos maniatan cualquier intento de sublevación o revuelta. A ellos están dirigidos los programas y medidas del gobierno. A ellos dedican sus políticas y misiones. El populismo campea y la exclusión de la clase media y alta es el norte del presente régimen. Los pobres, atrapados por el poder del estado deambulan estoicos y conformistas tras la búsqueda de sus requerimientos de alimentación y medicinas. Semejan robots humanos y aparentan resignación.
Pero no están satisfechos de la política. He conversado con algunos de ellos y les percibo disconformes y amotinados. Muchos saben a perfección que les usan como “conejillos de indias”, de un proyecto diseñado para usurpar derechos y aniquilar antagonismos. Aguantan esperanzados porque algún día mejorara su situación y podrán salir de la rémora en que se encuentran. Irán a votar no por deber sino por compromiso. Les buscaran en sus casa y luego les regresarán. Algunos hasta les pagaran. Compra de votos. Conquista de conciencias. La institución del voto prostituida y la práctica democrática en el mercado de la impudicia y del cinismo a la “N” potencia. Una estructura partidista medrando en la administración pública y soportada en las misiones y programas sociales asistenciales e inmediatistas. Uso ilegal del erario público.
