Opinión

Cómplices de una vida digna

José Carlos García Fajardo Director del Centro de Colaboraciones Solidarias @GarciaFajardoJC

 

“No se puede postergar la decisión de comprometernos ante la terrible crisis que atraviesa el mundo. El fundamento de una esperanza surgirá en medio de ese compromiso. Debemos penetrar en la noche y, como centinelas, permanecer en guardia por aquellos que están solos y sufren el horror ocasionado por este sistema mundial y perverso. Tenemos el deber de resistir y de ser cómplices de la vida aún en su suciedad y su miseria. Un gesto absoluto de confianza en la vida y de compromiso con el otro. Así lograremos trazar un puente sobre el abismo”, denunciaba Ernesto Sábato.

El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo publica cada año un Informe sobre la situación de los habitantes del planeta. Se impone hablar menos de cooperación con “el tercer mundo” y preguntarnos por qué los pueblos del Sur pasan hambre de alimento, de salud y de educación. Es tarea de los Gobiernos controlar las injusticias de los poderosos y formar a los ciudadanos en una conciencia social básica. Lo que no hagamos en justicia nos será arrebatado por la fuerza, o mediante el terror.

Más de mil millones de habitantes del planeta sobreviven con menos de un dólar al día, y unas 30.000 personas mueren de hambre cada día. 

El hambre del mundo son 900 millones de estómagos vacíos, la mayoría localizados en Asia y África, según el último informe de la ONU. El número de personas desnutridas crece cada año en unos siete millones, lo que autoriza a la FAO a diagnosticar una clara “recesión en la guerra contra el hambre”.  

Ya en el Informe del PNUD de 1998, se declaraba que el gasto anual para cubrir estas necesidades básicas supondría 40.000 millones de dólares  anuales, durante diez años, en los países empobrecidos del mundo. Enseñanza Básica para todos: 6.000 millones. Salud reproductiva para todas las mujeres: 12.000 millones. Salud y nutrición básicas: 13.000 millones. Agua y saneamiento para todos: 9.000 millones.

Al presentar a la opinión pública el Informe, la ONU lo calificó de “información subversiva”, que es preciso considerar para poder subvertir un orden social injusto.

   

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