La confrontación política y la crítica situación económica, independientemente de sus causas, afectan tanto la gestión de gobierno como a la ciudadanía y las relaciones entre ambos.
En tanto efecto de la coyuntura político-económica, se observa la consolidación del clientelismo político, definido como un arreglo social, caracterizado por el intercambio entre las redes clientelares receptoras de bienes particulares -bonos, planes sociales, empleo- a cambio de lealtades políticas, con el correspondiente respaldo, apoyo y votos. Una suerte de beneficioso trueque voluntario de algún tipo de capital económico por uno político. Se fortalece una lógica de incentivos perversos que favorece tanto a políticos, que acuden a estrategias clientelares, como a grupos pasivamente beneficiados por dichas políticas. Tal arreglo social se sustenta en relaciones que desvirtúan el empoderamiento y la autonomía de la ciudadanía, que actúa bajo la expectativa de protección, asignación de recursos o dispensa de favores. Investigaciones al respecto señalan como otros efectos perniciosos la opacidad que caracteriza la relación clientelar; su condición de paliativo temporal, y, lo que califican de “incapacidad o pocos méritos de la persona beneficiada”. En consecuencia se produce una dependencia del poder político para recibir privilegios o favores que, a su vez, genera una desigualdad de oportunidades con las personas fuera de la relación clientelar. A nivel societal, se alerta sobre el peligro de que las relaciones clientelares en la gestión pública se constituyan en un componente esencial de la sociedad en cuanto a organizar intercambios, ejercer control, y articular intereses, tornándose en un tipo de dominación política.
Desde la perspectiva de los partidos políticos, se denuncia, como parte del juego político, el desarrollo de relaciones clientelares que tienden a generar entre sus militantes y simpatizantes una trama de incondicionales que se mantiene mientras perduren los beneficios laborales o económicos. Desaparece así la especificidad de los partidos políticos para devenir en redes clientelares.
