Esta semana tuve el gusto de compartir con Jaime Bayly en su programa. Fue muy amable y respetuoso de mi visión sobre el entorno del país, aunque mencionó al aire que no es necesariamente lo que quisiera oír sobre lo que ocurre en Venezuela. Y es que lo más difícil de asimilar —por venezolanos y extranjeros— es cómo, con una importante mayoría que clama por cambios, sea tan cuesta arriba romper el status quo.
Quizás en un país con instituciones sólidas y poderes autónomos en breve se estaría haciendo valer la voluntad del pueblo. Pero lo cierto es que al venezolano todo le cuesta más. Cualquier acción que intente la Asamblea para provocar cambios constitucionales encontrará piedras en el camino.
En el caso de la de renuncia del Presidente; es obvio que existe el derecho constitucional de solicitarla; el mismo que tiene el presidente de mandarte de paseo con tu solicitud y ambas cosas ya pasaron. No comento sobre la “renuncia no voluntaria” porque eso no es una renuncia. La vía de la enmienda constitucional encontrará el rechazo del TSJ, quién sin duda la declararía inconstitucional de inmediato. Los argumentos del poder judicial podrían estar dirigidos a que se trata de un cálculo político de la oposición para desplazar de la presidencia a un adversario electo legítima y constitucionalmente.
La opción que sería más difícil de desconocer por el gobierno es el Referéndum Revocatorio, por tratarse de un evento electoral consagrado en la Constitución; sin embargo, el CNE puede darle largas a la convocatoria y si se lleva a cabo la elección, el chavismo podría llamar a sus partidarios a abstenerse, con lo que el voto dejaría de ser secreto y amplificaría exponencialmente el poder de amenaza oficial.