Opinión

Abrazos nuevos en un año viejo

Nunca antes, jamás, un año nuevo había tenido tan fuerte olor a viejo como el que está por llegar. Por más que uno se ponga la armadura de la fe y se cubra con el yelmo de la paciencia, nada indica que el cambio de calendario implicará una modificación sustancial de las condiciones políticas y económicas que caracterizaron el 2016.

Vos podéis pensar que me dejo arrebatar por el pesimismo a horas de que nos demos el feliz año o que tengo a mercurio retrogrado, pero ni los hacedores de horóscopos, ni los pronosticadores de toda especie, que por estos días de fin de año se convierten en verdaderos proxenetas del optimismo, se han atrevido a montar su habitual bazar de esperanzas con códigos de barra.

A ver si logro poner el asunto en perspectiva. En diciembre de 2015 había razones poderosas para pensar que el año que está por irse se llevaría en los cachos, antes de que culminara, al presidente Nicolás Maduro y que una catarata de cambios sacudiría al país, pero diciembre 2016, en el mejor de los casos para la oposición, es un fastidioso déjà vu.

A eso contribuye el anuncio de que en enero de 2017, ahora sí, sucederán cosas que debieron ocurrir en enero de 2016, como, por ejemplo, la designación de Julio Borges como presidente de la Asamblea Nacional (AN). No sé si logro explicarme pero ¿sí notan ahora el tufo a viejo que tienen los hechos que se supone están por venir?

Y no sólo eso, en 2017 la MUD si hará la histórica y definitiva marcha hacia Miraflores que debió expulsar como corcho de champaña al presidente Maduro éste mismo año, si no es que antes la AN declara su ausencia absoluta. El ahora ex presidente del parlamento, Henry Ramos Allup, declaró que “eso quedó para enero” ¿Vos si me entendéis?

Lo peor es que el síndrome de Oveja Dolly que trae 2017 implica que lo nuevo carga en sí una pulsión de viejo ¡a ver! Borjes, si es que llega a ser presidente de la AN, de alguna manera ya es Ramos Allup. A las primeras no se le notará, pero pasadas unas semanas o meses se le manifestará, sobre todo si intenta sacar a la AN del barrial en que la metió el que vendría a ser algo así como su alter ego.

Y no es porque sea Borjes en particular, si nombrarán a cualquier otro, por ejemplo, a Tomas Guanipa, con quien se mantendría el acuerdo de que sea un militante de Primero Justicia, le pasaría exactamente lo mismo, salvo que a Guanipa le brotaría el Ramos Allup en cuestión de días. 

En todo caso, ni uno ni el otro aguantarían la tentación. Hace sólo tres meses atrás Ramos Allup era presidenciable porque había prometido derrocar a Maduro en seis meses y se pasó el año intercambiando agravios con el Mandatario ¿No tratará Borges, Guanipa o quien sea finalmente el designado probar de esas mismas mieles fugaces?

Fíjese que Borjes no vaciló en responderle a Maduro su comentario de que está “kilúo”, lo que puede leerse en por lo menos dos sentidos: 1) que la confrontación se impondrá aunque no garantice una solución parcial o definitiva para ninguno de los dos bandos que aspiran a ganar por nocaut 2) que el Gobierno también tiene olor a gerontológico. 

Si por lo menos el Presidente hubiera dicho que está fitness en vez de kilúo habría una actualización semántica del discurso, aunque lo que realmente necesita es pasar del discurso de la resistencia –estar kilúo es estar fuerte para seguir aguantando- al discurso que crea confianza en cómo y cuándo salimos de la actual situación económica.

De todas formas, aunque el Gobierno y la MUD se empecinen en seguir con el mismo monólogo a dos voces, el pueblo dejó de ser manso y pendejo hace rato y en eso me apuesto el alma como cantaba Ali Primera, en que la conciencia de los venezolanos y las venezolanos, la conciencia de lo venezolano por encima de cualquier otra idea, puede hacer del 2017 un año nuevo, un estreno para todos. ¡Abrazos primo!

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