¡Dale, que el golpe avisa! Hay que decirlo de una vez: El ridiculismo es la etapa superior del oposicionismo. Y lo demostramos el sábado sensacional pasado. Esa vaina de escuchar a Espoleta Allup decir que tiene un motor fuera de borda, no tiene horario ni fecha en el calendario. Era evidente que estaba arrecho con Julio —Matemático— Borges porque no había ido a la marcha, y lo dejaron más solo que Embajada Radonski, y no le quedó más que sacar a relucir sus motores.
Después vino la joda de todo el mundo, desde los chavistas hasta los mismos compañeros del partido del pueblo, unos decían que ese motor tiene tiempo que no funciona, y está enchumbao, y otros jodían diciendo que la señora Allup tuvo que desconectar los seis teléfonos —cuatro celulares y dos fijos— para que no la llamaran más porque desde que el hombre declaró lo del motor, todo el mundo quería saber si era verdad, y aquello fue lo que se llamó en la urbanización Blanca Ibáñez, La Fiesta del Motor.
No hay argumentos. No hay ideas. Espoleta habló de seis meses para salir de Maduro, y ahora nos viene a decir que está lleno de motores por todas partes, y entonces que los ponga en funcionamiento y listo, pero el hombre está como aquel gobierno del difunto Luis Herrera que no arrancaba, y que el único que arrancaba era su chofer Berroterán.
Menos mal que todavía nos queda un poco de gente apoyando esta locura, esta ridiculez. Lo peor es que siempre hemos dicho que los chavistas son unos vulgares, unos ordinarios, y viene Espoleta Allup y dice todo lo que dijo esa tarde de vulgaridades y chabacanerías y adequeces que no las vamos a olvidar nunca. Somos el hazmerreír del otro mundo.
