Lo único que puede evitar la violencia en el país es el inicio y desarrollo de un proceso de diálogo y negociación cuya metodología, aprobada previamente por ambas partes, sistematice las distintas fases de discusión y aprobación temática. Muchas variables inciden en el proceso que provienen tanto del contexto interno como del internacional.  Lo que se ve venir es un diálogo al que acompañarán varios países en condición de mediadores.          Puestas así las cosas, es necesario tomar decisiones que eviten una intervención en Venezuela. El objetivo principal del gobierno debe ser la paz. La victoria del gobierno tiene que ver con mantenerla. ¡Merece cualquier sacrificio! ¿Cuánto más esperan para avanzar en un acuerdo de convivencia? La crisis venezolana se convirtió en un problema mundial donde la geopolítica juega un papel preponderante.  La conciliación de la nación dependerá en gran medida del éxito que tenga el actual proceso de diálogo y negociación, que llevan a cabo en la República Dominicana. Se reunirán de nuevo el próximo 27 de septiembre con el acompañamiento de Chile, México, Bolivia, Nicaragua y el gobierno de República Dominicana, como anfitrión. Este proceso tiene el respaldo de los países del continente, la ONU, el Vaticano, Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia, y China. No hay que esperar los 36 años de guerra en Guatemala y los 50 en Colombia, para poner fin a la violencia.           Cuando se oye a Juan Manuel Santos de Colombia se está escuchando al llamado Grupo de Lima, quienes plantean en el fondo simplemente la salida de Maduro del gobierno, aunque lo desean de forma pacífica, ósea por elecciones o renuncia, sin intervención militar. Pero el periodo presidencial de Maduro constitucionalmente hablando llega hasta diciembre del 2018. Maduro no va a renunciar y de acuerdo a lo que uno ve batallará hasta el final. Puesta así las cosas el diálogo servirá para traer la paz al país  y prepararlo hacía la seguidilla de elecciones que vienen este año de gobernadores y el próximo de Alcaldes y Presidenciales. Las negociaciones tendrán que adecuarse a las realidades constitucionales y políticas de la nación.        A no sea que el proceso de diálogo progrese y sirva de muro de contención para evitar la guerra, rebelión civil o militar; la violencia callejera; la anarquía institucional; la intervención militar extranjera; el autoritarismo; la prisión de políticos; la ingobernabilidad o la guerra económica.