Opinión

AROA, la única herencia de Bolívar

Pocos días antes de su muerte, el Libertador declaró no poseer otros bienes más que las tierras y minas de Aroa. Hoy, cuando se cumplen 231 años de su nacimiento, recorremos los tres kilómetros de esta propiedad, ubicada en el estado Yaracuy, y que fueron declaradas en 1974 Parque Nacional de Venezuela. Tras décadas de desidia y abandono, actualmente se encuentra en proceso de rescate.

Maidolis Ramones Servet  

 

“Declaro que no poseo otros bienes más que las tierras y minas de Aroa, situadas en la Provincia de Carabobo (hoy territorio de Yaracuy)”, reza el cuarto punto del Testamento de Simón Bolívar, firmado el 10 de diciembre de 1830, antes de fallecer el 17 de ese mismo mes. Hoy, con motivo de los 231 años del Natalicio del Libertador, les traemos la información recabada luego de un recorrido por los tres kilómetros turísticos de esta propiedad, ubicada en el estado Yaracuy, declaradas en 1974 Parque Nacional de Venezuela y que antes había sido empleada para la explotación minera del cobre. Ana Álvarez, especialista en turismo y encargada de las visitas a este sitio histórico y turístico señala: “Es un orgullo para nosotros recibir a personas que quieren conocer el parque, algunos vienen para hacer turismo, otros para conocer la historia y muchos con motivo de investigación”. Naturaleza e historia se respira en estas minas, donde se encuentran maquinarias de la época, bocas de explotación de minas, carros de transporte de cobre y hasta la planta procesadora del material. La mayoría de los instrumentos dejan ver el paso de los años y la desidia que acompañó por mucho tiempo a este patrimonio cultural. En 1983, en el marco de la celebración del Bicentenario del natalicio del Libertador, desde la Presidencia de la República, se destinaron recursos para su rehabilitación y el parque recreacional se dividió en cuatro museos: el ecológico, artístico, documental y tecnológico. Cuenta, con una extensión total de nueve mil hectáreas pero solo catorce fueron desarrollados para el turismo y la recreación, con la edificación de vestuarios, sanitarios y otras comodidades.

Las minas de cobre, localizadas al noroeste del estado y a una hora aproximadamente de San Felipe, ciudad capital de Yaracuy, fueron heredadas por Bolívar por mayorazgo y durante muchos años se convirtieron en su dolor de cabeza, a tal punto que el 28 de junio de 1829, en correspondencia a José Fernández Madrid, le escribe: “¡Malditas sean las minas y las libranzas, y los que gastan sin tener con qué!”. Pero también fueron su esperanza, pues a cuenta de ellas quitaba prestado, poniéndolas como garantía. La importancia de las minas también se ve reflejada en la recopilación histórica de los últimos meses del Libertador que hace Gabriel García Márquez en su libro El general en su laberinto, donde expone: “Fue su última voluntad que sus restos se llevaran a Venezuela, que los dos libros que habían pertenecido a Napoleón se depositaran en la Universidad de Caracas, que le dieran 8.000 pesos a José Palacios en reconocimiento a su constante servicio, que fueran quemados los papeles que dejó en Cartagena al cuidado del señor Pavajeau, que se devolviera a su lugar de origen la medalla con que lo distinguió el Congreso de Bolivia, que se restituyera a la viuda del Mariscal Sucre la espada de oro con incrustaciones de piedras preciosas que el Mariscal le había regalado y que el resto de sus bienes, incluidas las minas de Aroa, fueran repartidas entre sus dos hermanas y los hijos de sus hermanos muertos…”. Dos años después de su muerte, sus hermanas (Juana y María Antonia) vendieron la propiedad a la compañía inglesa Bolívar Mining Association. Luego se formaron otras compañías como: Quebrada Land Mining Company, Quebrada Railway Land and Copper Company Limited, Aroa Mines Limited, Bolívar Railway Company Limited, entre otras. En 1936 es abandonada la explotación hasta 1953 cuando la reactiva la empresa italiana “La Providencia C.A” la cual trabajó hasta marzo de 1955. La llegada de los ingleses a tierras aroeñas fue por el arrendamiento de las minas de cobre de Aroa al consorcio inglés llamado “The Bolivar Minning”, a partir de 1824.

Los ingleses decían que este pueblo era muy peligroso para ellos, debido a que se consiguieron con enfermedades muy raras como la fiebre amarilla, que causó la muerte de unos 400 quienes fueron sepultados en un cementerio especial cercano a las minas. Este campo santo ligado a la existencia y trascendencia de ingleses que vivieron en estas tierras, ahora es un punto de descanso, esparcimiento y recreación para sus visitantes, ya que al lado del mismo fue creada una laguna artificial. Por ello en las minas existen aún tumbas del cementerio cuyas lápidas dejan ver nombres como William Criflon, Louis Charles Doey y Edmundo Lincoln, solo por citar algunos ejemplos.

La extensa vegetación y los estragos que a veces dejan las lluvias obligan a tener precaución a la hora de hacer el recorrido en el tren turístico que cumple esa función en el parque y que se deja acompañar por el ruido del río de las minas, cuyas crecidas en ocasiones han afectado las labores de reconstrucción. “Vengo todos los fines de semana a bañarme en el río con mis hijos. Es una bendición que contemos con este espacio”, expuso María Linárez, habitante del poblado.

Las minas tienen como inicio una casa colonial que fue propiedad de Bolívar, pero la cual, según los investigadores, nunca visitó. Allí se encuentran muestras de los implementos usados en la época y papeles sobre los litigios a los que se vio sometido el terreno. “Yo no soy de aquí, pero sí tengo familia y cada año vengo a visitar las minas. Uno siente como si se transporta en la historia con tantos instrumentos antiguos ya desgastados y algunos que bien se conservan como los cascos de los trabajadores mineros”, expuso Silvestre Dancón, un turista. A pesar de ser declarado parque histórico, el abandono y la desidia fueron los acompañantes de las minas durante mucho tiempo. Importantes materiales históricos fueron desvalijados. Pasaron 30 años para que el Parque Bolivariano Minas de Aroa nuevamente ofrezca a los visitantes y turistas en general, a través de un hilo conductor y temático, instalaciones para una mejor interpretación y comprensión con recursos actuales museológicos y museográficos, tal como está planteado en el proyecto, el cual comprende cuatro rutas de interpretación: Ruta Histórica Comunitaria, Ruta Geoturística y de Biodiversidad, Ruta Industrial y Escultórica; y Ruta Arquitectónica y Minera.

Betty González, coordinadora del Proyecto de Museología de las Minas de Aroa, asegura que rescatar las minas permitiría recuperar las historias de muchos hombres, mujeres y niños que fueron explotados por la extracción del cobre, sus modos de vida, sus costumbres, condiciones de trabajo, entre otros. “Pero además, reivindicar el esfuerzo del pueblo aroeño que se negó a morir, a pesar de que se acabó su principal fuente de empleo, así como también demostrar lo importante que fue el ingreso económico que obtuvo el Libertador por el arriendo de la mina a los ingleses y su aporte a la campaña libertaria, sin dejar de destacar que Aroa fue uno de los primeros pueblos de Suramérica donde se vivió la verdadera revolución industrial con los adelantos tecnológicos que allí llegaron: planta hidroeléctrica, ferrocarril, planta de hielo, entre muchas otras más. Por otra parte, esperamos que a futuro, este parque sea considerado por la Unesco como Patrimonio Mundial de la Humanidad, ya que es único en el país dado sus características y valoración histórica”, dijo.

Actualmente, ya se han recuperado todas las áreas verdes, 18 esculturas, un 20% de las instalaciones y se espera que para final de este año, se logró recuperar el 60% de todas las áreas como las instalaciones de la entrada principal y las de los sectores El Molino y Casas de Montaña. El restante 20% está pautado para el primer trimestre del año 2015.

El Gobierno regional ha invertido más de 15 millones de bolívares y con el apoyo y los recursos aprobados por la Presidencia de la República (Bs. 32.526.430,51) se aspira lograr la recuperación total.

El rescate de las minas de cobre sería un aporte histórico de gran peso para la cultura y el patrimonio venezolano, finalmente se trata de la última herencia del Libertador.

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