Los últimos sesenta días de la historia de nuestra república han sido duros pero esperanzadores. En medio de la más profunda crisis que hayamos podido tener, ante el riesgo de la instauración de una dictadura al peor estilo castrocomunista, la gran mayoría de los ciudadanos venezolanos hemos evidenciado nuestro profundo rechazo a la intención totalitaria de unos irresponsables que han decidido acabar con la república y con la democracia con el único objetivo de mantenerse en el poder a pesar de ese rechazo que se ve con solo abrir los ojos. Esa gran mayoría ha sido interpretada por un numeroso grupo de venezolanos que hemos salido a la calle, casi a diario, para mostrar nuestra inconformidad y nuestra férrea decisión de hacer claudicar a quienes tanto daño han hecho. Es necesario hacer un reconocimiento a todos los ciudadanos, especialmente a los jóvenes, que han decidido postergar sus asuntos personales para aportar su lucha por el país. Centenares de miles de personas en todo el país hemos salido a las calles, conscientes de los riesgos que corremos, pero claros en que debemos ofrecer nuestro concurso para sacar a nuestra patria de esta situación que nunca debimos vivir. Una persona no debe reducirse a una cifra. Y por eso no quiero ser riguroso con los números. Pero toda Venezuela y todo el mundo sabe que esta dictadura ha optado por la represión. Mientras los ciudadanos salimos a la calle a ejercer nuestro derecho a la protesta pacífica, podemos contabilizar decenas de muertos, miles de heridos, miles de presos, miles de procesados con libertad condicional, centenares de civiles juzgados por tribunales militares, miles de víctimas de robo a mano armada por parte de militares y policías. Mientras tanto, quienes ostentan el poder, débiles, huyen hacia adelante. Después de 30 días de intensa lucha popular en la calle, anunciaron una Asamblea Constituyente para cuya convocatoria, selección de integrantes y aprobación han decidido no contar con el pueblo. Conscientes como están de su minusvalía en materia de apoyo popular, intentan aprovechar esta coyuntura para hacerse de un poder superior, omnímodo, para arrasar con todo, para acabar con la disidencia que haya en cualquier institución, para controlar todo a espaldas de los ciudadanos. En la Unidad Democrática hemos sido claros y enfáticos al negarnos a participar en un evento como ese y hemos decidido más que eso. Como ciudadanos tenemos que hacer todo lo humanamente posible para impedir que pueda elegirse e instalarse una Constituyente espuria, cuyo objetivo es acabar con la república. Así que motivaremos a los ciudadanos a asistir donde tengamos que asistir, pacíficamente y sin armas, a obstruir la realización de actos ilegítimos e inconstitucionales a través de los cuales se intenta acabar con el concepto de república que conocemos desde 1830. Hace algún tiempo, cuando nos decían que estábamos en dictadura, que la lucha era “ahora o nunca”, nosotros pedíamos paciencia a la gente y les decíamos que no podíamos hablar de dictadura cuando estábamos a las puertas de unas elecciones parlamentarias en las que habíamos decidido participar. Después de esas elecciones y luego de ver las acciones de quienes ilegítimamente han querido impedir que la Asamblea Nacional ejerza sus competencias y que además han impedido la realización de procesos electorales constitucionales como el referendo revocatorio y las elecciones regionales, podemos afirmar con toda convicción que estamos en dictadura y que esta lucha es ahora o nunca. Así que nuestro esfuerzo debe concentrarse en intensificar la calle pacíficamente, profundizar y, de ser necesario, redimensionar esa lucha que permita ejercer cada vez más presión a fin de que surja una solución constitucional y electoral a esta crisis que padecemos. Hemos demostrado que somos un gran pueblo, que estamos dispuestos a defender la democracia hasta con nuestra vida y que no descansaremos hasta lograr que el país sea una república libre y soberana.
60 días: Balance y Perspectivas, por Juan Pablo Guanipa
