El Rodeo I, en las afueras de Caracas, se convirtió en el principal centro de denuncias por la situación de los presos políticos en Venezuela, según familiares y organizaciones de derechos humanos. En ese penal, las visitas se reducen a 15 minutos semanales, detrás de un vidrio y por teléfono, sin contacto físico.
Un penal marcado por el aislamiento y la incertidumbre
Familiares relatan que en El Rodeo I los reclusos pasan 23 horas al día encerrados en celdas de aproximadamente dos metros de ancho, donde apenas caben una cama de cemento, una letrina y un pequeño espacio para moverse.
También denuncian problemas respiratorios, lesiones, secuelas de golpizas, infecciones, hongos, otitis y dolores articulares. El agua llega por lapsos limitados y, según los testimonios, los internos improvisan tapas para las letrinas con bolsas plásticas para contener los malos olores.
La opacidad sobre lo que ocurre dentro del penal es parte central de las denuncias. El Comité por la Libertad de los Presos Políticos registra alrededor de 130 presos políticos en El Rodeo I, aunque admite que la cifra podría ser mayor. En una reunión, el Ministerio de Servicios Penitenciarios informó que había 234 personas privadas de libertad, pero ese número incluye presos comunes y condenados por otras causas penales.
Del Helicoide al llamado piso cuatro
Durante años, el Helicoide concentró buena parte de las denuncias internacionales por torturas contra presos políticos. Sin embargo, familiares y defensores sostienen que El Rodeo I ocupó ese lugar y que allí se concentran ahora los casos más sensibles.
Andreína Baduel, hermana del preso político Yosnar Baduel, afirma que las autoridades han reducido algunas prácticas visibles en el Helicoide, mientras en El Rodeo I persisten denuncias de castigos y aislamiento. Entre los espacios mencionados por las familias figuran el llamado piso cuatro y otra zona conocida como la cámara del tiempo, donde los detenidos permanecen incomunicados y con restricciones adicionales de alimentos y electricidad.
Las denuncias se agravaron después del terremoto que afectó el centro norte de Venezuela. Uno de los detenidos terminó hospitalizado con un edema cerebral y otros reportaron golpizas, uso de gases lacrimógenos y gas pimienta dentro de las instalaciones.
Atención médica limitada y temor entre las familias
El Comité por la Libertad de los Presos Políticos advierte que alrededor de 40 detenidos necesitan atención médica especializada urgente y que varios podrían morir en prisión si no reciben tratamiento oportuno.
Las familias también describen un clima de miedo fuera del penal. Durante meses, muchas evitaron denunciar por temor a convertirse en víctimas de persecución. Algunas personas perdieron viviendas, vehículos o negocios tras reclamar por sus familiares encarcelados, según los testimonios recopilados por las organizaciones.
Frente a los muros de El Rodeo I, las familias siguen esperando cada semana unos pocos minutos de conversación con sus parientes. Salen con más dudas que respuestas y sin certeza sobre quiénes continúan dentro, quiénes fueron trasladados a áreas de castigo o cuándo volverán a verlos.
