Venezuela

Un terremoto y una reflexión sobre la política en Venezuela

Un sismo sirvió de punto de partida para cuestionar la idea de que los venezolanos no pueden organizarse sin jefes ni instrucciones.

Un terremoto y una reflexión sobre la política en Venezuela

Un terremoto dejó una lección sobre la vida pública en Venezuela: cuando la tierra tembló, miles de personas actuaron de manera coordinada, dialogaron, confiaron entre sí y se organizaron sin depender de líderes ni órdenes. Esa respuesta colectiva fue presentada como una muestra de que la desconfianza y la polarización no han borrado por completo la capacidad de actuar en conjunto.

Más allá del movimiento de la tierra

El planteamiento sostiene que el verdadero hecho no estuvo solo en los daños materiales o en el impacto del sismo sobre edificios y calles, sino en el desmentido de una idea repetida durante años: que la sociedad venezolana no tiene condiciones para construir su propio destino. En ese momento, la cooperación apareció como una respuesta espontánea y práctica frente a la adversidad.

Desde esa mirada, la política no surge cuando alguien toma el control del Estado, sino cuando una comunidad entiende que el bien común está por encima de los intereses particulares. También cuando la comunicación reemplaza al insulto, la cooperación desplaza al sectarismo y el acuerdo deja de ser visto como una traición. Bajo esa definición, el sismo habría mostrado una forma de convivencia que suele quedar oculta en tiempos de confrontación.

Política y antipolítica

El texto traza una diferencia entre política y antipolítica. La primera se describe como una práctica que construye, reconoce al otro y usa el poder como herramienta para ampliar el bien común. La segunda, en cambio, se asocia con la conquista del poder como fin último, aun al costo de destruir partidos, personalizar liderazgos, rechazar consensos y mantener la descalificación permanente del adversario.

También se señala que, durante el terremoto, tanto el gobierno como la oposición quedaron al margen de la respuesta ciudadana. En ese contexto, la población no esperó instrucciones de las dirigencias que han marcado la disputa política en los últimos años. La conclusión es que la esperanza no pasa por la aparición de nuevos salvadores, sino por el reconocimiento de que la reconstrucción social depende de la propia ciudadanía.

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