La capital italiana registra una inusual escalada de violencia con trece atentados con bomba perpetrados en los últimos cinco meses, una ofensiva que se concentra en la zona este de la ciudad y que ha recrudecido en la última semana. Los artefactos han estallado durante la noche en comercios, salas de juego, concesionarios y portales, sin dejar personas heridas hasta el momento.
A diferencia de otras capitales europeas, donde un episodio de esta magnitud desencadenaría una crisis institucional, la serie de explosiones transcurre casi sin repercusión en la agenda pública nacional. Los clanes mafiosos han operado tradicionalmente en la ciudad bajo un frágil equilibrio de baja intensidad para evitar la intervención policial y política, pero los recientes ataques marcan una ruptura de esa dinámica en el territorio controlado por el clan Senese, una zona residencial de clase media donde habitan un millón de personas.



