El reciente sismo con epicentro en Yaracuy dejó al descubierto la vulnerabilidad extrema a la que ha sido conducida Venezuela. Más allá del desastre natural, el texto plantea que la capacidad de respuesta del país está debilitada por una estructura institucional desmantelada.
La emergencia halló al país sin equipos ni personal suficiente
La nota sostiene que Venezuela enfrenta esta contingencia con capacidades estructurales debilitadas y sin maquinaria pesada, ambulancias ni personal de rescate suficiente. También advierte que el éxodo de más de ocho millones de venezolanos ha restado profesionales y voluntarios que hoy serían necesarios para remover escombros y salvar vidas.
En ese escenario, la respuesta institucional ante la ayuda internacional aparece descrita como lenta y atravesada por el celo político. Según el texto, contingentes de rescatistas de países hermanos, equipados con tecnología de punta, tuvieron que enfrentar trabas burocráticas y demoras en la frontera mientras avanzaba el tiempo para los sobrevivientes.
Hospitales vacíos de insumos y una reconstrucción postergada
El cuadro se agrava, agrega la publicación, porque los hospitales están desprovistos de insumos básicos y de especialistas médicos, muchos de los cuales también se vieron forzados a migrar. La combinación de carencias materiales y fuga de talento ha convertido la emergencia en una muestra de impotencia colectiva.
