Siete micrófonos submarinos instalados en el Pacífico de Panamá detectaron que el ruido de barcos y botes reduce entre 40 % y 45 % la probabilidad de registrar cantos de ballenas jorobadas en las zonas más visitadas.
Monitoreo en siete islas

Desde mayo de 2025, los equipos graban día y noche en Boná, Contadora, Iguana, Cébaco, Contreras, Ladrones y Paridas, a una profundidad promedio de 18,3 metros. Cada dispositivo capta 25 minutos de cada hora y registra 64 kilohertz por segundo.
Los investigadores han reunido más de 56.000 archivos de audio, equivalentes a más de 1,4 millones de minutos de sonido submarino, y han analizado cerca del 17 %. Ese avance ya permitió identificar el enmascaramiento acústico: cuando pasa una embarcación cerca, las ballenas dejan de cantar o su canto deja de escucharse.

Betsy Pérez Ortega, investigadora y presidenta de la Fundación Panacetacea, explicó que el enmascaramiento ocurre cuando sonidos de alta intensidad se superponen a los que usan las especies para comunicarse. Según dijo, el ruido puede afectar la capacidad de estas especies para comunicarse, asentarse, encontrarse o navegar.
La presencia de motores estuvo concentrada sobre todo en Isla Contadora, donde representó 42,6 % de las horas monitoreadas. La Isla Iguana quedó en segundo lugar. El ruido se vinculó con el turismo recreativo, el buceo y la pesca deportiva.

El proyecto forma parte de Pacífico Sostenible, una iniciativa regional de siete países que incluye a México, Guatemala, Honduras, Costa Rica, Panamá, Colombia y Ecuador, con el respaldo del Fondo para el Medio Ambiente Mundial y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. En Panamá participan la Fundación MarViva, la Fundación Panacetacea y el Ministerio de Ambiente, cuya página oficial es MiAmbiente.
Además, el estudio retoma antecedentes científicos como un trabajo publicado en Plos One, que documentó que ballenas jorobadas dejaron de cantar mientras operaba una fuente de sonido artificial a 200 kilómetros de distancia.



