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Papa sobre la venta de armas: El dinero está empapado en sangre

AP/Reuters/WASHINGTON

Un histórico discurso pronunció este jueves el Papa Francisco en el Congreso de Estados Unidos, en donde habló sobre los inmigrantes, la protección a la Tierra, la muerte de inocentes gracias a la venta de armas y la necesidad de amar al prójimo con a si mismo como una normal elemental de vida.

“Junto con sus representantes quisiera aprovechar la oportunidad de dialogar con los hombres y mujeres que luchan cada dia para ganarse la vida, que traen al hogar el pan nuestro, ahorrar dinero y construir una mejor vida para sus familias”, aseguró el Papa en su discurso.

“Quiero dialogar con todos ustedes, mediante la memoria histórica de su pueblo. Mi visita se lleva a cabo en un momento en que los hombres y mujeres están marcando aniversarios de momentos importantes”, expresó al pontífice.

El papa Francisco formuló este jueves un llamado a la vigilancia contra «cualquier tipo de fundamentalismo de índole religiosa o del tipo que fuere», y evitar la tentación del «reduccionismo simplista» de dividir la realidad entre buenos y malos.

En un histórico discurso ante el Congreso estadounidense, el papa sostuvo que «combatir la violencia perpetrada bajo el nombre de la religión» y al mismo tiempo proteger la libertad de las religiones constituye un «delicado equilibrio» que requiere del trabajo de todos.

“Un pueblo con este espíritu puede soportar muchas situaciones y avanzar con dignidad, estos hombres y mujeres nos ofrecen una manera de ver e interpretar la realidad, al rendir honor a su memoria, estamos inspirados en medio de conflictos y generar nuestras reservas culturales más profundas”.

“​Un futuro de libertad requiere de amor por el bien común. Nosotros estamos conscientes y profundamente preocupados por las situaciones políticas del mundo. nuestro mundo es un lugar de conflictos violentos que se cometen incluso en nombre de Dios, sabemos que niguna religión es inmune de este extremismo ideológico. Debemos estar atentos a cada tipo de fundamentalismo”, afirmó el Papa.

“Nuestro mundo es un lugar de violencia, odio y atrocidades brutales que incluso se cometen en nombre de Dios”.

“No les tememos a los extranjeros porque muchos de nosotros alguna vez fuimos extranjeros. Les digo esto como un hijo de inmigrante, sabiendo que muchos de ustedes también son hijos de inmigrantes, trágicamente los derechos de los que estaban aquí mucho antes que nosotros no se respetaron. Deseo reafirmar mi más alta estima y aprecio”, expresó.

“Estoy feliz de que Estados Unidos continúe siendo una tierra de sueños”.

“Tenemos que responder a los migrantes que buscan una mejor vida de una manera humana, justa y fraternal, Si queremos seguridad demos seguridad”.

“Recordemos la regla de oro, hagan con los demás como quieran que los demás hagan con ustedes, esta regla nos enfoca en una dirección clara, tratemos a otros con la pasión y compasión con la cual quisiéramos ser tratados”, expresó.

Reiteró con fuerza su oposición a la pena de muerte en el mundo, durante un histórico discurso en el Congreso de Estados Unidos, donde la gran mayoría de los legisladores está a favor de la pena capital.

La «certeza» de que «tenemos que custodiar y defender la vida humana en todas las etapas de su desarrollo» (…) «me ha llevado, desde el principio de mi ministerio, a trabajar en diferentes niveles para solicitar la abolición mundial de la pena de muerte», dijo el pontífice argentino ante los representantes de un país que practica varias ejecuciones al año.

“Mis hermanos obispos aquí en Estados Unidos reavivaron el llamado para abolir la pena de muerte, y yo no solo lo respaldo, también les ofrezco aliento”, detalló el pontífice.

“Se que ustedes comparten mi convicción de que todavía se necesita hacer mucho y que en tiempos de crisis no debe perderse, al mismo tiempo los aliento a mantener en mente a todas esas personas que están a nuestro alrededor atrapados en pobreza ellos necesitan que se les de esperanza”, aseguró.

para que continúen empleando estrategias responsables y valiosas para enfrentar los efectos graves del deterioro ambiental.

El pasado 18 de junio de 2015 el Vaticano hizo pública la encíclica del papa Francisco “Laudato si” (Alabado seas) sobre el cuidado de la casa común.

Sobre el tráfico de armas en Estados Unidos afirmó que debe detenerse y enfrentar el problema. “¿Por qué se están vendiendo armas letales a quienes planean generar sufrimientos indescriptibles a personas y sociedades? Tristemente la respuesta, como todos la sabemos, es por dinero, que está empapado en sangre, a menudo, sangre de inocentes. Ante este silencio vergonzoso y culpable es nuestro deber enfrentar el problema del tráfico de armas y detenerlo”, sentenció el Papa.

“Es mi deseo que a lo largo de mi visita la familia sea un tema recurrente, ¡qué esencial ha sido la familia para construir este país. Y sigue siendo merecedora de nuestro respaldo. Tengo preocupación por las familias que siguen siendo amenazadas”.

Sobre los jóvenes aseguró que sus problemas son los problemas de todos. “Quiero llamar la atención de los jóvenes, muchos parecen desorientados, atrapados en un mundo de desesperación, sus problemas son nuestros problemas. No podemos evitarlos, tenemos que enfrentarlos juntos, hablar de ellos y buscar soluciones efectivas en vez de quedarnos en discusiones. Vivimos en una cultura que presiona a los jovenes porque no cuentan con posibilidades del futuro”.

El Papa llegó al jardín del Capitolio pasadas las 8:30 de la mañana, en Washington para su importante discurso.  John Boehner,  presidente de la Cámara de Representantes,  fue quien recibió al pontífice.

535 legisladores, 100 senadores, 435 representantes lo esperaban en la Cámara de Comercio.

El papa Francisco se reunió brevemente con el presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, en el inicio de su visita al Congreso.

Unas 50 mil personas se congregaron a las afueras del jardín del Capitolio para escuchar el discurso histórico del Papa Francisco.

Luego de pronunciar su discurso, se dirigió al país con una alocución en español desde el balcón del Capitolio, en el que bendijo a los creyentes.

 

 

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