El océano registró en 2025 el mayor contenido de calor desde que existen mediciones, al absorber 23 zettajulios de energía, de acuerdo con el 10° Informe Copernicus sobre el estado del Océano, difundido este 30 de septiembre. El reporte señala que el calentamiento marino mantiene una trayectoria sostenida y que sus efectos ya se reflejan en la vida marina, en las zonas costeras y en comunidades de distintas regiones del mundo, incluidas áreas de América Latina especialmente expuestas a El Niño, al aumento del nivel del mar y al deterioro de los arrecifes de coral.
La investigación fue elaborada con contribuciones de 125 científicos de Europa y de otras regiones, a partir de datos satelitales del programa Copernicus, el sistema de observación de la Tierra de la Unión Europea, además de información obtenida directamente en el mar y de modelos numéricos. El documento identifica cuatro indicadores globales que alcanzaron sus máximos en la última década: la temperatura de la superficie marina, el contenido de calor oceánico, el aumento del nivel del mar y la acidificación. También documenta cambios vinculados con la salinidad del agua, el crecimiento del fitoplancton y el impacto del estrés térmico sobre los corales.
Marta Marcos, profesora titular en la Universidad de las Islas Baleares y una de las editoras del informe, explicó que el objetivo del trabajo es poner en evidencia, con observaciones científicas, cómo el cambio climático afecta a los océanos, a los ecosistemas y a las zonas costeras. Ivonne Montes, investigadora científica del Instituto Geofísico del Perú, consideró que el estudio es un aporte valioso para la comunidad académica y no académica, y subrayó que sus hallazgos muestran la interconexión entre el sistema oceánico y las actividades humanas y socioeconómicas.
Récord de calor acumulado en el mar

Uno de los datos más relevantes del informe es que el océano absorbe más del 90 % del calor generado por el efecto de la concentración de gases de efecto invernadero derivados de las actividades humanas. Ese proceso se ha acelerado desde 1960. En 2025, el contenido de calor oceánico llegó a su nivel más alto, con esos 23 zettajulios, una cantidad que equivale aproximadamente a 40 veces la energía consumida por todo el mundo en ese mismo año.
La temperatura de la superficie marina también se mantuvo en niveles excepcionalmente altos. En 2025 alcanzó su tercer valor más elevado, con 0,49 °C por encima del promedio del período 1981-2010. El informe recuerda que 2024 fue el año más cálido desde que existen registros y que 2023 ocupó el segundo lugar. Entre 1982 y 2025, la temperatura superficial del mar aumentó en promedio 0,12 °C por década, una tendencia que, según el documento, tiene consecuencias directas sobre los ecosistemas marinos y los fenómenos climáticos.
La publicación coincide con un episodio de El Niño que la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, la agencia meteorológica y oceánica de ese país, pronosticó como “muy fuerte”. El informe advierte que este fenómeno se está desarrollando en un océano ya más caliente, una condición que puede amplificar sus efectos en la región. Para América Latina, el documento resalta la vulnerabilidad de los pequeños Estados insulares en desarrollo y de áreas costeras donde el calor acumulado del mar ya está alterando procesos físicos, químicos y biológicos.
Más nivel del mar, menos oxígeno y mayor acidez
Montes advirtió que, a medida que el océano se calienta, se desencadenan varias consecuencias simultáneas: aumenta la frecuencia de las olas de calor marinas, se alteran procesos fisicoquímicos que sostienen los ecosistemas, sube el nivel del mar por la expansión térmica del agua y disminuye el oxígeno disponible en el océano. En el sistema de la corriente de Humboldt, frente a las costas de Perú y Chile, esa señal es especialmente importante porque allí ya existe una zona mínima de oxígeno asociada a la alta productividad en la parte superior del mar.

El nivel del océano aumentó unos 3,8 milímetros por año entre 1999 y 2025, pero el informe sostiene que el ritmo viene acelerándose desde 1970. Entre 2012 y 2025, el promedio anual se elevó a 4,2 milímetros. Esa subida no es uniforme. La Organización Meteorológica Mundial, el organismo especializado de Naciones Unidas para el tiempo, el clima y el agua, ya documentó olas de calor marinas extremas en el Caribe, en el Golfo de México y frente a Chile, y además encontró que el nivel del mar en el Atlántico tropical y el Caribe aumenta más rápido que el promedio global.
El informe añade otro cambio de fondo: entre 1985 y 2025, el océano se volvió 17 % más ácido. Marcos explicó que, así como hay ecosistemas que no soportan el estrés térmico, otros son sensibles a un entorno más ácido, por lo que ambos procesos avanzan de forma paralela. La Organización Meteorológica Mundial también registró que el pH superficial alcanzó mínimos históricos en sectores del Pacífico y del Atlántico adyacentes a América Latina, una señal adicional del deterioro de las condiciones marinas.
Arrecifes, fitoplancton y salinidad bajo presión
Entre enero de 2023 y septiembre de 2025, el 84,4 % de los arrecifes de coral del mundo estuvo expuesto a un nivel de estrés térmico suficiente para provocar blanqueamiento, según el informe. A lo largo del Pacífico ecuatorial y junto a las costas de Ecuador y Perú se localizaron algunas de las zonas más afectadas. El reporte indica que entre 1982 y 2025 hubo estrés térmico severo recurrente en esas áreas, una situación que amenaza directamente a los corales y puede derivar en blanqueamiento y mortalidad.
Los cambios no se limitan a los arrecifes. Durante los últimos 30 años, casi el 5 % del océano mundial ha experimentado una modificación persistente en los patrones estacionales de crecimiento del fitoplancton, conjunto de organismos microscópicos que sostiene las redes alimentarias marinas y cumple un papel fundamental en la regulación de los flujos de carbono oceánico. Para los autores, estas variaciones apuntan a una reorganización continua de los ecosistemas marinos como respuesta al cambio climático. En América Latina, el Pacífico frente a Chile aparece como la zona con el cambio más claro, mientras que el mar frente a Centroamérica, el Caribe, Ecuador, Perú y el Atlántico sur muestra señales más puntuales y dispersas.

La salinidad superficial también está cambiando. Entre 2011 y 2024, la mayoría de las regiones más salinas del océano global se volvieron todavía más salinas, incluido el Atlántico norte y sur, el Pacífico tropical y la zona al oeste de Australia. Al mismo tiempo, las regiones con menor salinidad se hicieron aún más dulces, entre ellas el Pacífico norte, el océano Índico oriental y las áreas donde se dispersa el agua procedente de los ríos Amazonas y Congo. El informe remarca que la salinidad de la superficie marina es un indicador de cómo se mueve el agua alrededor del planeta, por lo que estas alteraciones reflejan cambios de gran escala en la circulación oceánica.
La vulnerabilidad de los pequeños Estados insulares
El documento destaca que la relación entre los cambios del océano y la vulnerabilidad humana se observa con mayor claridad en los pequeños Estados insulares en desarrollo. Sus economías, infraestructuras y medios de vida dependen estrechamente del mar. Estos países están agrupados desde 1990 en una alianza de 39 miembros, de los cuales 16 se encuentran en el Caribe; entre ellos figuran Cuba, Guyana, Haití y República Dominicana.
El informe los describe como guardianes del océano por proteger amplias áreas que albergan algunos de los ecosistemas marinos más ricos del planeta, pero también como territorios particularmente vulnerables al cambio climático. Desde 1960, todas sus zonas económicas exclusivas han experimentado calentamiento del océano. Además, desde 1999, el 65 % de la superficie conjunta de esas áreas ha estado expuesta a una aceleración del aumento del nivel del mar.
Según el reporte, la acumulación de estos cambios amenaza de forma creciente a los arrecifes de coral que sostienen la pesca, el turismo y la protección costera en esos países. En algunos casos, esos ecosistemas representan más del 20 % del producto interno bruto. La conclusión general del informe es que el calentamiento del océano ya no es una señal aislada, sino un proceso en expansión que combina más calor, mayor nivel del mar, más acidez y alteraciones biológicas persistentes en distintas cuencas marinas del planeta.



