“Estaba en el segundo piso del edificio donde trabajo, en la zona norte de la ciudad, en medio de una exposición inmobiliaria, y a las 7:00 de la noche sentí un movimiento muy fuerte. Pensé que estaba mareado. Cuando vi que todo se movía me di cuenta que estaba temblando y pensé que el edificio se iba a desplomar. Todos gritamos y corrimos desesperados; pero, como pasó rápido no bajamos ni salimos a la calle”, cuenta, desde Quito, la capital de Ecuador, el marabino Marco Urdaneta.
Un potente sismo, de 7,8 grados -el más fuerte en 40 años- y con una duración de, aproximadamente, un minuto, sacudió varias provincias costeras y zonas turísticas del país, a 170 kilómetros de la capital, con un saldo de 235 muertos, 1.557 heridos y más de 189 réplicas de distintas intensidades.
El contador público, de 30 años, quien reside en Quito desde hace más de 11 meses, contó a PANORAMA, vía telefónica, que la mayoría de los daños en la ciudad tuvieron lugar en la zona sur, cerca de donde vive. “En la zona sur se cayó una casa de tres pisos y dos vehículos quedaron en su interior, y en algunas zonas estuvieron sin electricidad hasta la madrugada”.
“Mi novia, también marabina, y yo no dormimos anoche. La pasamos vestidos. Se sintieron muchas réplicas. Incluso, se sintió un movimiento muy fuerte en la madrugada, que duró unos 20 a 30 segundos, y estuvimos a punto de bajar. Vivimos en un cuarto piso. Estamos alertas ante cualquier otro terremoto.”, agregó Urdaneta.
