León XIV lanzó en Tenerife un duro mensaje contra quienes se aprovechan de la desesperación de los migrantes y los instó a frenar sus acciones y a cambiar…
León XIV lanzó en Tenerife un duro mensaje contra quienes se aprovechan de la desesperación de los migrantes y los instó a frenar sus acciones y a cambiar de conducta. En un discurso ofrecido en la plaza del Cristo de La Laguna, en el último día de su visita a España, el pontífice denunció a quienes organizan rutas de muerte, trafican con personas, retienen documentos, explotan trabajadores, amenazan mujeres, engañan familias y convierten el sufrimiento ajeno en negocio.
Una condena directa a los traficantes
El Papa fue enfático al dirigirse a esos responsables y les advirtió que por cada vida perdida, cada familia engañada, cada cuerpo sometido, cada mujer amenazada y cada trabajador explotado deberán comparecer ante la justicia divina.
“¡Deténganse. Conviértanse!”, les exhortó durante su intervención en la isla canaria, donde centró parte de su mensaje en la defensa de la dignidad humana y en la protección de quienes migran en condiciones de vulnerabilidad.
Acoger e integrar
León XIV pidió que los migrantes sean recibidos con respeto a su historia, pero también que asuman un proceso de integración con la comunidad que los recibe. En ese sentido, señaló que deben abrirse con confianza, aprender la lengua, respetar las leyes, conocer las costumbres y participar en la vida común.
El pontífice advirtió que, después de la llegada, puede producirse un “naufragio silencioso”: el de quedar solo en una ciudad, sin lengua, sin vínculos, sin trabajo, sin confianza y expuesto a quienes se aprovechan de esa fragilidad.
“Integrar es impedir ese segundo naufragio”, afirmó, al explicar que se trata de ayudar a que quien llegó herido no quede definido para siempre por su dolor, sino que pueda levantarse de nuevo, reconocer sus capacidades y ponerlas al servicio de la comunidad.
Encuentro en La Laguna
El Papa sostuvo además un encuentro con personas que trabajan por una acogida digna y por la inclusión de la población migrante, realizado en el casco urbano de La Laguna, declarado patrimonio de la humanidad.
Allí aseguró que las barreras más difíciles de derribar no siempre son de piedra, porque existen miradas que ven, pero no reconocen; convierten un rostro en cifra, una historia en expediente y una diferencia en distancia.
Ante las asociaciones dedicadas a la integración, subrayó que la acogida abre la puerta, mientras que la integración ayuda a cruzar el umbral. También aclaró que integrar no significa borrar la historia de quien llega ni exigirle que deje atrás lo que forma parte de su memoria.
Del mismo modo, advirtió que tampoco se trata de crear mundos paralelos y cerrados entre sí, en los que las personas conviven sin encontrarse realmente.
Mensaje a los migrantes y a los católicos
León XIV se dirigió luego a los migrantes para pedirles que se abran con confianza a la comunidad receptora, aprendan su lengua, respeten sus leyes, conozcan sus costumbres, participen en la vida común y ofrezcan con gratitud sus dones.
También sostuvo que toda sociedad que acoge tiene deberes hacia quienes llegan, y que quien es acogido descubre que la dignidad reconocida como derecho florece cuando se convierte en responsabilidad y en un deseo sincero de construir junto a los demás.
Durante el acto, el pontífice escuchó nuevos testimonios y resaltó que los migrantes buscan una posibilidad concreta de recomenzar, aprender, trabajar, servir, participar y no quedar encerrados para siempre en la condición de víctimas.
Además, pidió no olvidar a tantos migrantes provenientes de Latinoamérica, Filipinas y otras latitudes que ya forman parte viva de la comunidad y contribuyen a renovarla con su fe, su trabajo y sus dones.
“Déjense también evangelizar por ellos”, expresó, al señalar que seguramente traen consigo regalos que la Providencia ha querido hacer llegar a esa comunidad a través de quienes se integran. A continuación añadió: “El extranjero de ayer puede ser el hermano y vecino de hoy”.
Finalmente, se dirigió a los católicos para recordarles que la integración no debe quedar reducida a una tarea social, por necesaria que sea. Señaló que quienes llegan a las parroquias necesitan pan, techo, lengua, trabajo y protección.
“Una conciencia humana, y más aún una conciencia cristiana, no puede permanecer indiferente ante las víctimas de los naufragios y de la falta de ayuda, ante esos cementerios del mar”, afirmó.