Este verano, los medios aéreos del Estado acumularon diez mil horas de vuelo, hicieron 2.659 salidas y realizaron más de 50.000 descargas de agua en la lucha contra los incendios. La presión sobre la flota fue mayor que en 2025 y se produjo con una plantilla de anfibios que ya trabaja al límite.

Una campaña más dura y con más desgaste

Hasta el 20 de septiembre, España registró 275.154 hectáreas forestales quemadas, 2,5 veces la media del decenio 2016-2025, además de unas 153.000 hectáreas de superficie arbolada y 45 grandes incendios forestales. En fallecidos, con 21 personas, 2026 ya figura como el peor año en mucho tiempo. La intensidad se explicó por la concentración de grandes incendios, la elevada demanda de medios de extinción y la complejidad de las emergencias.

El propio Ejército del Aire y del Espacio lleva años advirtiendo que la flota envejece más rápido de lo que puede reponerse. Cada hora de vuelo recorta vida útil, multiplica revisiones y eleva las averías. Este verano, el Estado solo pudo usar ocho de los diez anfibios previstos para la campaña.

La reposición sigue atascada

La flota estatal de anfibios pesados está formada por 14 aviones: CL-215T, algunos con más de tres décadas de servicio, y cuatro CL-415, el último recibido en 2016. Hasta 2023 eran 18. El relevo tampoco avanza con rapidez: cuando el CL-415 dejó de fabricarse, Canadá no aceptó poner en producción su sustituto, el DHC.515, hasta reunir un mínimo de 20 pedidos.

España firmó la compra conjunta de la Unión Europea en 2024 y, según el calendario citado, las primeras unidades no empezarían a llegar hasta 2028, como pronto. Después habría que formar a las tripulaciones, por lo que no parece realista esperar que esos aviones estén volando antes de 2029.

Renovación fallida y alquiler como salida

Desde al menos 2018, el Mando de Apoyo Logístico del Ejército del Aire venía pidiendo la renovación de la flota. En 2022, Transición Ecológica adjudicó un contrato para modernizar la aviónica de los CL-215T, pero este año se dio por extinguido porque la empresa encargada de la actualización no tenía ni los manuales técnicos del fabricante.

La alternativa inmediata pasa por alquilar más aeronaves, una fórmula que ya se usa pero que se complica por la falta de presupuestos y por los precios al alza. En un escenario de incendios cada vez más intensos y más tempranos, la flota envejece más rápido de lo que el Estado logra sustituirla.

El informe del Ejército del Aire y del Espacio sobre los apagafuegos ya advertía desde hace años sobre esa presión sostenida.