En la década de 1990, una familia recibió tierras degradadas por la ganadería y la deforestación en Cachoeiras de Macacu, en el estado brasileño de Río de Janeiro. Nicholas y Raquel Locke decidiron transformar esos antiguos pastos en un bosque, plantando alrededor de 840.000 árboles autóctonos y restaurando más de 600 hectáreas.

Claves

  • —Se plantaron 840.000 árboles en 25 años en la Mata Atlántica.
  • —El tapir sudamericano desapareció de Río de Janeiro en 1914.
  • —En 2025 ya hay 8 crías de tapir nacidas en libertad en la reserva.

De pastos a bosque: la restauración de la Mata Atlántica

La historia se desarrolla en uno de los ecosistemas más afectados de Brasil: la Mata Atlántica. Los terrenos que hoy forman la Reserva Ecológica de Guapiaçu (REGUA) habían sido talados, drenados y utilizados para agricultura y ganado, dejando pastizales donde antes había bosques y humedales. Nicholas y Raquel Locke comenzaron a revertir ese proceso y, en 2001, consolidaron REGUA con un objetivo claro: proteger lo que quedaba y devolver los árboles a las zonas que pudieran recuperarse.

La restauración se llevó a cabo con especies propias de la Mata Atlántica. REGUA creó un vivero que trabajó con alrededor de 120 especies autóctonas, muchas obtenidas a partir de semillas recogidas en bosques cercanos. Con el tiempo, las plantaciones acumuladas superaron los 840.000 árboles, y más de 600 hectáreas volvieron a cubrirse de vegetación.

El tapir sudamericano regresa a Río de Janeiro tras 103 años

El regreso del tapir sudamericano tras un siglo

El tapir sudamericano, el mayor mamífero terrestre de Sudamérica, había desaparecido del estado de Río de Janeiro debido a la destrucción de su hábitat y la caza. El último registro confirmado se produjo en 1914, en el Parque Nacional de Serra dos Órgãos.

En 2017, el proyecto Refauna, en colaboración con REGUA, inició un programa para reintroducir la especie en los bosques restaurados. Entre 2017 y 2021, se introdujeron 14 animales procedentes de seis centros de cría, que fueron seguidos mediante cámaras trampa y sistemas de monitorización.

La reproducción natural: el éxito del proyecto

Lo extraordinario llegó después: los animales se adaptaron al nuevo entorno y comenzaron a reproducirse en libertad. En septiembre de 2025, REGUA había registrado ya ocho crías nacidas dentro de la reserva. Una de ellas pertenecía a la segunda generación nacida en Río de Janeiro desde la desaparición de la especie: su madre, Jasmim, había sido reintroducida en 2020.

Los tapires no solo regresaron, sino que ahora contribuyen a la regeneración del bosque. Al alimentarse de frutos y desplazarse grandes distancias, dispersan semillas y ayudan a que el ecosistema siga creciendo. Así, dos décadas después de comenzar a plantar árboles, REGUA ha cerrado un círculo ecológico: primero reconstruyó el bosque para que regresara uno de sus grandes habitantes, y ahora ese habitante ayuda a que el propio bosque siga expandiéndose.